
Carlos Monsiváis
Carlos Monsiváis, el cronista mayor, el transparente ensayista, el izquierdista sin dogmas, ha partido para siempre. América latina pierde con él a uno de sus pensadores más agudos.
“Con su muerte, el panorama queda absolutamente desolado”, ha escrito Elena Poniatowska: “Los fallecimientos de José Saramago y Carlos Monsiváis son dos golpes terribles para la izquierda en México y el mundo.”
Monsiváis, nacido en la Ciudad de México en 1938, fue un niño prodigio, dotado de una memoria invencible. De pequeño, escuchó una misa en latín que le impresionó tanto que le podía repetir de LA PRIMERA a la última sílaba.
Fue periodista, pero de esos chapados a la antigua, en cuyas páginas circulaba el aire de la cultura, la pasión por la justicia, el fervor por la libertad y el amor por el pueblo y el arte popular.
En julio de 2005, la Universidad Nacional Mayor de San Marcos le confirió el grado de doctor honoris causa. Como yo había lanzado meses antes la iniciativa y la había sustentado por escrito, el rector de entonces, Manuel Burga, me encomendó el discurso de orden.
El texto de mi intervención aparece impreso en un opúsculo editado por San Marcos. Extraigo párrafos:
“Y llegamos así, por la vía de la historia y de la literatura, a José Carlos Mariátegui. En el libro que glosamos, Aires de familia, Monsiváis lo define como ‘el teórico marxista más destacado de América latina’ y lo señala como ‘autor de un libro excepcional: Siete Ensayos de interpretación de la realidad peruana (1928). Allí despliega su defensa del indígena, uno de los grandes temas latinoamericanos silenciados por el racismo’.”
“Varias veces el insigne honoris causa de San Marcos ha visitado el Perú. En agosto del 2003 señaló la importancia que el informe de la Comisión de la Verdad tiene no sólo para el Perú, sino para toda América latina. En esa ocasión condenó las acciones de Sendero Luminoso y deslindó: “Sendero Luminoso no sólo pervirtió valores como la generosidad y la solidaridad que podían darse a través del socialismo, sino que nos obliga a revisar las convicciones. No para desistir de ellas, sino para ver hasta qué punto el autoritarismo y el mesianismo destruyen cosas tan fundamentales como la esperanza y el ideal comunitario.”
Entre los méritos de Monsiváis está la repulsa rotunda a los represores de su país. En reciente libro, Parte de guerra II. Los rostros del 68, su pluma adquiere a la par el acento irónico de Heinrich Heine y el acerado de Víctor Hugo en Napoleón el pequeño o en sus discursos parlamentarios contra la tiranía, y también contra la barbarie burguesa ejercida contra los héroes de la Comuna. Monsiváis denuncia allí la matanza del 2 de octubre de 1968, en que fueron acribillados, en la plaza de Tlatelolco, 500 estudiantes.Fuente: La Primera