
Las eliminatorias y su desempeño en las fases finales de la Eurocopa en 2008 y ahora en Sudáfrica, estuvieron marcados por la mediocridad y la ineficiencia. Clasificada por los pelos, Francia no superó en ninguno de los dos torneos la primera ronda y se ve confrontada a un triple fracaso: deportivo, institucional y social.
Encerrado en una creciente paranoia, Domenech se dedicó a lo que mejor le sale, la provocación, transformando a la selección en un tema de polémica permanente. Su incompetencia quedó en evidencia en este Mundial, al que Francia llegó sin un esquema de juego definido, con jugadores fuera de forma y un clima interno detestable.Pero el fracaso deportivo no es quizás el más grave...
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