
¿Se puede jugar al tenis durante toda la eternidad? La respuesta a esa pregunta la pueden tener el estadounidense John Isner y el francés Nicolás Mahut, que llevan disputándose el pase a la tercera ronda de Wimbledon desde el martes, en lo que ya es el partido más largo de la historia. Un rincón de Wimbledon, alejado –al principio- de los focos mediáticos de las grandes pistas, fue testigo de cómo más de 10 horas de juego efectivo y un empate a 59 juegos en la quinta manga dejaban al nivel de amistosa pachanguita de playa las 6 horas y 33 minutos que jugaron Fabrice Santero y Arnaud Clement en la primera ronda de Roland Garros en 2004, anterior récord de duración en este deporte. Quizá, después de este partido, la peor pesadilla de un tenista antes de un partido no será enfrentarse a un rival mejor que él, sino a un contrincante con la misma fortaleza, hasta el límite de tener la sensación de jugar contra un espejo: la pista 18 de Wimbledon y los músculos literalmente derretidos de Isner y Mahut, animan a esconderse entre las mantas...
Leer más en rfi