
Muchos no daban gran cosa por el futuro del futbol uruguayo en esta primera Copa del Mundo organizada en suelo africano. ¡Qué va!, si a penas han podido clasificarse, no era raro escuchar. Por lo demás, todo lo que ha conseguido Uruguay, todo lo grande, lo más grande a nivel de selecciones data de muchos años, 60, añadían en tono casi de burla.Pues bien, esta vez se han equivocado, ya que el equipo charrúa ha vuelto por sus viejas andanzas y, trayéndonos al recuerdo viejas gestas en campos deportivos, nos hace una vez más soñar y entrever, con justicia, que para este equipo solo el cielo es el límite. Los Forlán, los Lugano, los Suarez y compañía... estos corajudos héroes de la redonda, mantienen ya en vilo a toda Latinoamérica. Corea del Sur, erigida cual obstáculo en su camino en los octavos del final, ha sido superada a base de garra, pundonor y buen esquema táctico por un equipo que dio todo lo que se tiene que dar cuando de conseguir el triunfo se trata. El gol de empate sudcoreano en medio de la confusión defensiva a los 68 minutos de juego no amilanó, ni mucho menos desmoralizó a los uruguayos. Lejos de eso, movilizó las reservas futbolísticas y, sobre todo, morales y anímicas tan necesarias en este tipo de competencias. El gol magistral que convierte Suarez, tan solo cinco minutos después del tanto de empate sudcoreano, y la resistencia encarnizada, sin replegarse, que plantean los de la Republica Oriental del Uruguay, hizo lo suyo y permitió el triunfo... Grandes satisfacciones, la algarabía, la fiesta merecida por doquier, no solo en este pequeño pero gran país, y la certeza de saber que con este once charrua el cielo es el límite…EL DEPORTIVO