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Miércoles 22 de julio 2009

IRONÍAS DE LA REVOLUCIÓN

A treinta años de la caída de Somoza
Miércoles 22 de julio 2009

Por Carlos F Chamorro

 

El derrocamiento de la dictadura de Somoza, hace treinta aos, quedar registrado para siempre como el momento de mayor consenso nacional que alguna vez se haya alcanzado en la historia de Nicaragua. No existe otro proceso de unidad nacional comparable con lo que ocurri en los ltimos meses antes de la cada de Somoza, con el propsito de erradicar el rgimen y abrirle paso a una nueva era de democratizacin y justicia social.

 

La guerrilla del FSLN, la oposicin cvica, la clase empresarial, las iglesias, los profesionales, y sobre todo la juventud, que se entreg con generosidad a la lucha, formaron esta gran alianza nacional que a su vez gener una inmensa ola de solidaridad internacional, y se convirti en smbolo y esperanza de cambio en el continente.

 

El consenso se perdi rpidamente despus de la cada de Somoza al definirse el nuevo rumbo del pas, no solamente por las contradicciones intrnsecas que conlleva todo proceso de cambio revolucionario, sino adems porque el concepto de poder que albergaba el liderazgo revolucionario era intrnsecamente divisivo. Irnicamente, mientras el FSLN de distanciaba de la ortodoxia de la izquierda mundial y ofreca de forma innovadora una plataforma revolucionaria basada en el pluralismo poltico, la economa mixta y el no alineamiento, en la prctica recurra a un esquema de poder totalizante para ejecutar ese programa. Un esquema de hegemona revolucionaria, semejante al de una sociedad de partido nico, en el cual la fusin estado-partido-ejrcito-organizaciones de masas-aparatos ideolgicos, responda a una sola voluntad poltica.

 

Mucho se ha debatido sobre las causas de la derrota de la revolucin y el efecto de la guerra en la militarizacin de la sociedad y el descalabro de la economa. Una guerra de agresin externa que tambin fue una guerra civil, y sin duda en el balance de la dcada de los 80, hay responsabilidades compartidas. Pero la viabilidad de la revolucin como proyecto democrtico en una poca de paz, an si hubiera logrado sobrevivir la guerra y las elecciones de 1990, dependa en ltima instancia de hacer un cambio radical en ese modelo de poder con tendencias autoritarias. Esa posibilidad nunca se plante de forma categrica en el FSLN antes de la derrota electoral.

 

Y aqu estamos ante una segunda irona: porque el cambio se produjo a contrapelo de la voluntad del FSLN, cuando la ltima revolucin armada triunfante del siglo XX entreg el poder por la va de los votos al aceptar la derrota electoral.

 

Empez en Nicaragua la democracia en ese momento, el 25 de febrero de 1990, cuando se institucionaliz la democracia electoral, o acaso su punto de partida debe ubicarse ms bien el 19 de julio de 1979, cuando se desencaden un masivo proceso de participacin popular, y se sentaron las bases de la democracia participativa? El debate se mantiene abierto entre los politlogos sobre una larga e incompleta transicin democrtica, que a su vez tuvo repercusiones decisivas en los procesos de El Salvador, Guatemala y Honduras, pases que junto a Nicaragua conforman lo que la profesora Terry Karl llam los "regmenes hbridos" de Centroamrica, en los que se combinan democracias formales y bolsones de autoritarismo.

 

Pero la discusin sobre el modelo revolucionario de los 80 y la autocrtica post derrota electoral del FSLN, que termin dividiendo al sandinismo en dos o ms corrientes, se vuelve particularmente relevante ahora que Daniel Ortega y la vertiente oficial del FSLN, el orteguismo, han regresado al poder. El retorno de Ortega hace ya dos aos y medio, se presenta como una nueva etapa de la revolucin, pero en la prctica Ortega repite los viejos vicios del pasado --el autoritarismo y la confusin estado-partido-- y est amenazando de muerte uno de los ms importantes legados de la revolucin como es la democracia. De la derrota electoral de 1990 emergi el Consejo Supremo Electoral, como la institucin ms confiable de la nueva institucionalidad democrtica, y hoy, casi dos dcadas despus, simboliza el ms grave retroceso. Y esta es la tercera irona: el fraude electoral perpetrado por el presidente Ortega el ao pasado --que de paso ha sido el mejor documentado en la historia de Amrica Latina-- representa la ms rotunda negacin del legado democrtico de la revolucin.

 

Sin embargo, la propaganda oficial insiste en que en Nicaragua hay una revolucin y que se debera decir que se ha producido un cambio de modelo, porque el gobierno est impulsando algunos programas de asistencia social, como el Hambre Cero, Usura Cero, etc. Pero, mientras la economa que contina rigindose por un programa con el FMI, el nico cambio estructural que se ha producido ha sido la privatizacin de la multimillonaria ayuda venezolana, que se maneja fuera del presupuesto. Y en efecto, una parte se usa para financiar estos programas bajo un esquema de clientelismo poltico, pero la gran tajada de esos fondos se destina para hacer negocios, sin ninguna clase de control ni transparencia, para engrosar los nuevos capitales privados ligados a la familia gobernante.

 

En lo poltico, el "cambio de modelo" consiste en que una minora poltica, muy bien organizada y movilizada, pero a fin de cuentas minora, gobierna como si fuera mayora en virtud de un pacto prebendario con la cpula del PLC. Y el FSLN que alguna vez fue un partido revolucionario, acta como una maquinaria electoral vaciada de todo contenido al estilo del viejo PRI mexicano, con la notoria diferencia de que est sometida al control de una sola persona, el eterno caudillo Daniel Ortega y ahora tambin a su familia.

 

Todo esto se despleg con mucha elocuencia en la tarima de la Plaza de la Fe, durante el acto del 30 Aniversario del 19 de julio, en una puesta en escena en la que la primera dama Rosario Murillo y el presidente Ortega, inauguraron una suerte de karaoke presidencial, que todo el pas pudo ver con sorpresa a travs de la cadena televisiva.

 

Pero ms all del mal gusto que evidencia la promocin del culto a la personalidad, lo que preocupa a los ciudadanos es la intolerancia poltica de un poder que se ejerce de forma autoritaria contra sus adversarios. Porque bajo este nuevo modelo de supuesta "democracia directa" tampoco hay cabida para una oposicin beligerante. Y cada vez que la oposicin se organiza para desafiar al orteguismo, la respuesta oficial ser nuevamente la represin a travs de sus fuerzas de choque y la instrumentalizacin de la institucin policial.

 

El domingo pasado, el presidente Ortega inici su campaa por la reeleccin resucitando su himno de las elecciones de 1990, "El gallo ennavajado". Y as estamos ante otra irona perversa, pues aunque la cancin dice, refirindose al pasado somocista: "ya pasaron los tiempones en que los barrigones se robaban las elecciones", ahora los barrigones estn de regreso al frente del Consejo Supremo Electoral y se robaron las elecciones del ao pasado, cumpliendo la voluntad del presidente Ortega.

 

Entonces quin va a contar los votos en las prximas elecciones?. Esa es la pregunta fundamental que preocupa a los nicaragenses, con independencia de si tenemos un modelo presidencialista, parlamentarista, o el referendo revocatorio que ofreci Ortega a ltima hora, como anzuelo para la reforma constitucional.

 

La democracia electoral que la revolucin hered al pas en 1990 no era la panacea de todos los problemas, pero al menos permita dirimir de forma pacfica los conflictos en la lucha por el poder. Por ello, el primer paso para devolverle credibilidad a la nacin en un futuro pacfico y democrtico, consiste en una limpieza total del sistema electoral. De lo contrario, Nicaragua volver al punto de partida que la confront con la dictadura de Somoza hace ms de 30 aos.

 

Fuente: http://www.elnuevodiario.com.ni/opinion/52856

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