
La dueña de L’Oréal, Lilianne Bettencourt
El escándalo tiene todos lo condimentos para que hacerles olvidar a los franceses la humillante eliminación del Mundial: la heredera de la mayor fortuna del país, su joven amante, un mayordomo indiscreto y un ministro salpicado por un conflicto de intereses que hace tambalear al Gobierno.
La heredera es la dueña de L’Oréal, Lilianne Bettencourt, que pese a sus de 87 años y una sordera que la ha acompañado toda su vida “es todo menos una anciana senil”, según Patrice de Maistre. Y algo debe saber este hombre, gestor desde 2003 de la principal fortuna de Francia al frente de la empresa Clymène. Su nombre aparece en unas escuchas telefónicas realizadas a Bettencourt por su mayordomo de las que se desprende que la señora podría haberse olvidado de declarar al fisco dos cuentas suizas con 78 millones de euros y, detalle, una isla en las Seychelles, aunque ella asegura que sólo alquila ese territorio. Un olvido comprensible cuando la fortuna total declarada asciende a 17.000 millones de euros...
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