
La crisis hondurea se ha convertido en un trastorno maysculo para las relaciones hemisfricas y un desafo para la democracia en Amrica latina.
Se est por cumplir un mes del derrocamiento del presidente Manuel Zelaya y se han pronunciado por su restitucin casi al unsono los gobiernos de toda la regin, el de los Estados Unidos y los pases de la Unin Europea. La OEA expres tambin su condena al golpe de Estado, pero fueron infructuosas las gestiones iniciales para revertir la interrupcin del orden constitucional en el pas centroamericano.
Tambin se torna muy complicada la mediacin del presidente de Costa Rica, Oscar Arias. El gobierno de facto, presidido por Roberto Micheletti, ha mostrado contar con respaldo interno para sostenerse en el poder an al costo del aislamiento del pas y las sanciones internacionales. El presidente depuesto, mientras tanto, se propone retornar al pas y afrontar las consecuencias de posibles enfrentamientos.
As las cosas, la resolucin de la crisis hondurea no puede venir sino a partir del restablecimiento del respeto por los mandatos de las autoridades legtimamente constituidas. Deben existir, asimismo, las condiciones de legitimidad que garanticen los mecanismos constitucionales para controlar a los gobernantes y el respeto del pluralismo.
La persistencia de una anomala institucional grave como la ocurrida en Honduras es un mal precedente para el resto de la regin, introduce inestabilidad, aumenta las tensiones y la polarizacin poltica.
La crisis hondurea, que est por cumplir un mes, se ha convertido en un trastorno maysculo y un desafo para la democracia en Amrica latina.
Fuente: El Clarin