
El destino no se podía torcer. Las estadísticas, las individualidades, el juego de equipo, todo jugaba contra Chile... y así fue. El Brasil de Dunga dijo a todos que las cosas iban a seguir como siempre con los del país de la Estrella Solitaria. Los chicos de Bielsa tendrán que esperar por una nueva oportunidad. Los 3 goles a ritmo de samba de la vanguardia brasileña se lo dicen. La revolución desencadenada por el excéntrico argentino esta vez tampoco ha sido suficiente.De nada valieron la andanada de especulaciones de días y horas antes del partido, los once cariocas en el campo pondrían pronto las cosas, con su típica cadencia, en su lugar. Y ante la arremetida del grupo humano que ha nacido para el fútbol para atacar y morir de ser el caso en esta ley, los diestros auriverdes poco a poco construyeron su camino. Primero Juan (35’), aprovechando un centro, de una pelota puesta como con la mano por Maicon, la introduce y vence la resistencia de un Bravo que se estira. ¡Que va!, parece decir Bielsa. Arenga a sus jugadores. Adelante, nada está perdido. Uno es ninguno. Pero no, se olvidaba de la sempiterna genialidad brasileña y sobre todo de un Luis Fabiano que inspirado sorprende a la defensa chilena que supone un fuera de juego, y tan solo 3 minutos después del primer tanto añade el segundo al activo de su equipo. Y anuncia abriendo los brazos que para Chile las cosas se ponen cada vez más difíciles.Chile 0 - Brasil 2, al entretiempo. ¿Cambiarán las cosas? No. Desgraciadamente no, no como para favorecer a un cuadro chileno ávido de mayor reconocimiento internacional. Robinho sentencia oportunamente el partido a los 59’ y sella el destino de los del Mapocho. Chile de vuelta a casa, pero esta vez con la frente en alto: tienen que saber que en los campos de Sudáfrica un puñado de chilenos supo dejar en alto el nombre de su país. ¡Bravo Chile, suerte Brasil!EL DEPORTIVO