
Un aire de guerra fría sopla hoy en las páginas de la prensa europea, que relata con una mezcla de asombro e incredulidad la detención por parte del FBI de una docena de presuntos agentes rusos que vivían desde los noventa como familias estadounidenses. Podían ser un joven moderno que manejaba un Mercedes Benz último modelo, pero solo despertaba envida; o esa chica latinoamericana, que escribía encendidas columnas con loas a Fidel Castro, lo que generaba más risas que suspicacia, apunta el Británico The Guardian en una nota titulada "Cómo los espías rusos infiltraron la Norteamérica suburbana"."Matrimonios con familia, ambiciosos profesionales, hasta ruidosos militantes antigubernamentales: todos pasaban desapercibidos en la mixtura estadounidense", señala el rotativo. Pese a la fachada de normalidad, hecha de nombres y pasados falsos, mantenían contactos clandestinos en Central Park, entregaban sobres escondidos bajo un periódico doblado o canjeaban maletines idénticos, relata el español El País. Una metodología arcaica y sin resultados aparentes que intrigan. La célula habría sido enviada hace décadas por Moscú para "buscar y desarrollar vínculos" con universidades, grupos de presión, think tanks y el Gobierno estadounidense, que los acusa hoy de "conspiración" y de agentes ilegales. Desmantelada después de una investigación del FBI que duró 10 años, la noticia es embarazosa para Barack Obama y su par ruso Dimitri Medvedev, que compartían hace una semana una hamburguesa post Perestroika como si nada. El arresto de las últimas horas "hace que uno parezca un ingenuo y el otro un hipócrita", dice el francés Le Figaro. El diario recoge la reacción de los rusos, que hablan de un complot ligado a los círculos conservadores estadounidenses...
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