
La ausencia de Obama, las soluciones franco-alemanas a la crisis griega o la huelga general convocada en España ensombrecen la acción de la presidencia española. Bélgica, por su parte, intenta conformar gobierno rápidamente en un parlamento fragmentado y en una sociedad dividida por la lengua. La presidencia de turno de la unión europea, un cargo más simbólico y protocolario que efectivo, supone desde hace años una oportunidad para que el país que la detenta pueda favorecer las políticas que para él son prioritarias así como proyectar más aún su imagen exterior en Europa y en el resto de continentes. Esta excelente tribuna fue utilizada por España en toda la primera mitad del 2010...
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