
A dos años de su partida es, aun, muy duro y difícil mantener la serenidad. Pero amainemos el dolor con la esperanza, con la proyección de su personalidad poderosa y noble, tomando su legado para transmitirlo a las nuevas generaciones. En ese sentido, absteniéndome del ámbito personal y familiar pienso, como testigo y participe de gran parte de la vida de mi padre, que lo más trascendente y epónimo de su quehacer es el ejemplo vivo de lealtad a sus principios e ideales, su honestidad y pureza de conducta que lo convierten, quizás, en la personalidad peruana más autentica y diáfana del siglo que feneció. Otro rasgo sustantivo fue su generosidad y amplitud para enfrentar y sobrellevar las contingencias políticas y sociales que vivió a lo largo de su existencia, entendiendo piloneramente lo indispensable y fructífero del dialogo entre adversarios, para bien de la Patria y la República. En beneficio de los trabajadores y el movimiento social peruano.Es harto conocida, asimismo, su legendaria fortaleza física y espiritual que le permitieron no arredrarse ante prisiones, deportaciones y torturas sino por el contrario le hicieron con más denuedo.Hagamos un paréntesis para reflexionar de donde provenía (aparte de su convicción política e ideológica) esa fortaleza. Pienso que fue la energía y luminosidad que irradia la blanca ciudad, la enhiesta y rebelde Arequipa, donde nació un 15 de agosto de 1910, en pleno aniversario y en el lugar más típico por su trazo urbanístico y paisaje que dominaba la hermosa campaña de Yanahuara: el pasaje Leoncio Prado 114. Por esa casa transitaron tres generaciones de la familia Del Prado: Eleodoro del Prado nacido en 1836, escritor, poeta y dramaturgo. La segunda generación produjo a Eleodoro M. del Prado nacido en 1864, escritor y político, prefecto, dos veces alcalde de la ciudad y senador por Arequipa y la tercera representada por Jorge del Prado y sus hermanos Blanca y Julio (los tres fueron discípulos, amigos y colaboradores del Amauta Carlos Mariátegui) que se nutrió de la sabiduría de sus ancestros y durante su infancia y parte de su juventud de la ubérrima y hermosa campiña arequipeña, de su límpido y azul cielo y del sinfín de los pájaros que los acompañaron en sus juegos y travesuras infantiles y que siempre añoraba, pensando recurrentemente en volver a su amada tierra.A propósito, el 13 de junio del 2000 se cumplió el cincuentenario del levantamiento popular del pueblo arequipeño contra la dictadura de Odría y en cuyo Comando de Lucha, encabezado por Francisco Mostajo, estuvo Jorge del Prado como justicieramente lo reconoció en la ceremonia oficial el ilustre alcalde Juan Manuel Guillen entregándonos un pergamino recordatorio. ¡Cuánto hubiera deseado mi padre compartir esos momentos con el alcalde Guillen y su aguerrido pueblo!Su figura, entonces, trasciende el ámbito partidario y se proyecta al escenario nacional como protagonista de primera fila de la historia social y política del Perú durante el siglo XX.Jorge del Prado no es pues propiedad exclusiva de un sector ni esta circunscrito a un ghetto.Como mencionáramos al inicio, fue amplio y generoso en el diálogo, pensando siempre en la construcción y consolidación de una república más justa y solidaria.Por eso, en el transcurrir de su dilatad y fecunda vida (aparte del Amauta Mariátegui) fue amigo y contertulio, entre otras, de personalidades tan diversas como el Cardenal Juan Landázuri Ricketts, compañero de travesuras en su amada Arequipa. De Víctor Raúl Haya de la Torre, a quien conoció en 1920, cuando este comenzaba su carrera política como Presidente de la Federación de Estudiante del Perú y fue llevado a la casa familiar por su hermano Luis (también dirigentes estudiantil) y mi abuela (su madre) lo atendió maternalmente ayudándole a curar una afonía y, en el ocaso de su vida, compartieron en la Asamblea Constituyente de 1978.Del patricio y ex Presidente Constitucional de la República doctor José Luis Bustamante y Rivero, a quien conoció de pequeño en el estudio de su padre y acompaño en la década del 40 en las álgidas horas del Frente Democrático Nacional.De Mario Polar Ugarte che, fundador y dirigente histórico del Partido Popular Cristiano, también compañero de juego en Arequipa y varias décadas después colega en el Senado de la República.De Gustavo Mohme Llona, otro personaje casi irremplazable y con quien siempre mantuvo una amistad fluida, pletórica de coincidencias y acciones conjuntas en bien de la patria.De Alfonso Barrantes Lingán, su amigo y compañero desde el triunfo de la Revolución Cubana en 1959 y en la alegría y tristezas de Izquierda Unida.De Carlos Torres y Torres Lara, a quien conoció por vinculo familiar en la década del 60. Posteriormente sostuvieron una relación de respeto y consideración mutua en el gobierno anterior por lo que es justo y correcto reconocer en él, además del destacado jurista, su humanismo y espiritual solidario que lo llevaron a portarse con gran altura y generosidad hace dos años al fallecer Jorge del Prado.Para todos ellos, la mayoría de los cuales ya no esta con nosotros, nuestros aplauso y profundo reconocimientos.En fin, hemos dado estos ejemplos para demostrar su formación patriótica y su alcance plural que le hicieron ganarse el respeto, la admiración y el inmenso cariño de un vasto y significativo abanico de organizaciones populares, políticas y sindicales en nuestro país y en otros continentes, particularmente en nuestra América Latina.