Ignacio Ramonet
Por P. J. Gmez-Cersosimo
El depuesto presidente de Honduras, Manuel Zelaya, avanza en su objetivo de regresar a su pas en las prximas horas. Zelaya lleg a la nortea ciudad nicaragense de Estel, primera escala de su ruta para retornar a Honduras, acompaado del canciller venezolano, Nicols Maduro. Desde all llam a sus seguidores a movilizarse hacia la frontera.
"Voy caminado hacia Honduras (y) espero que gran parte del pueblo hondureo pueda superar los retenes" que puso el ejrcito hondureo en la frontera comn para impedir su paso. Los militares hondureos cerraron el paso a centenares de personas que viajaron este jueves en autobuses y automviles desde Tegucigalpa y otras partes del pas al lmite con Nicaragua para esperar a Zelaya.
El intelectual y analista Ignacio Ramonet, director de la edicin en castellano de Le Monde Diplomatique, habla para Radio Nederland sobre el momento crtico que vive el pas centroamericano.
Pablo Gmez.- Profesor Ramonet, ya han pasado 3 semanas y el destituido Manuel Zelaya no ha logrado ser restituido como presidente de Honduras, ve Ud. probable que esto acontezca en las prximas horas?
Ignacio Ramonet.- Pienso que va a ser difcil, porque yo creo que los golpistas han aprovechado estas semanas desde el golpe de Estado, para multiplicar los contactos, ganar tiempo y disuadir en cierta medida a una parte de la comunidad internacional en insistir sobre lo que se dijo desde el principio, que la primera exigencia que haba que imponerle a los golpistas era el restablecimiento de la continuidad constitucional y el retorno del presidente Manuel Zelaya a Tegucigalpa.
Hoy se ha perdido tiempo, los golpistas multiplican las relaciones, vemos que la Administracin Obama, aunque se mantiene firme sobre el principio, ya no insiste tanto en el retorno del presidente Zelaya como presidente a su pas; es muy interesante observar cmo entre la primera declaracin del mediador scar Arias de hace unos das y la que se public ayer, la exigencia del retorno del presidente Zelaya a Tegucigalpa pasa del primer puesto al sexto puesto, ya es la sexta exigencia y no la primera. Vemos tambin cmo el nuevo presidente de Panam, el Sr. Martinelli, est interviniendo para tratar de conducir esta va mediadora en una perspectiva mucho ms acomodante para los golpistas, que ganan tiempo y que de todas maneras saben que las elecciones van a tener lugar dentro de 6 meses.
PG.- Le parece acertada la apuesta internacional que hubo para que el presidente de Costa Rica y Premio Nobel de la Paz, scar Arias Snchez, fuese mediador para destrabar la crisis hondurea?
IR.- Obviamente ha sido una decisin del Departamento de Estado de Estados Unidos, que, en una regin que se est moviendo bastante, apuesta por una personalidad evidentemente reconocida en el mbito internacional, como puede ser el presidente Arias que es Premio Nobel de la Paz, pero una personalidad tambin conocida por sus vnculos estrechos con los EE.UU., por sus relaciones importantes, habituales y, por consiguiente, tambin por su propia prctica extremadamente moderada en trminos de reformas sociales en su propio pas. Por consiguiente, era evidente que este mediador, aunque el presidente scar Arias ha repetido la condena del golpe como principio inaceptable, indiscutiblemente era la personalidad que, de manera menos radical, poda conducir esta mediacin. Tambin es cierto que, si se optaba por una va de negociacin, es obvio que haba que encontrar una personalidad equidistante, que tambin fuera aceptada por los golpistas.
Lo que creo es que la negociacin no se impona, no hay materia de negociacin, no hay equidistancia entre un presidente que ha sido destituido por una accin militar y por un grupo de propietarios, que se consideran propietarios de un pas con ayuda indiscutiblemente de algunas oficinas internacionales... no hay equivalencia entre el gobierno que ha sido derrocado y el presidente que ha sido derrocado por un golpe militar, y los golpistas. Por consiguiente, yo creo que el principio mismo de la mediacin es un principio que haba que haber rechazado. Pienso que el presidente Zelaya fue sometido a las presiones en su visita a Washington, porque ah naci la idea, y en una perspectiva constructiva, porque es un hombre constructivo, acept esta mediacin. Yo me pregunto si no ha sido un error, ms que diplomtico, un error poltico.
PG.- Profesor Ramonet, en su primera respuesta Ud. tocaba un aspecto sumamente interesante, efectivamente Micheletti lo que est haciendo es jugando con el tiempo, pero lo que resalta de la respuesta suya es cuando seala que, lentamente, parece resquebrajarse este cascarn internacional que se form condenando al golpe militar, y da la impresin de que, poco a poco, este gobierno de facto de Micheletti est ganando amigos en el hemisferio, es esto as?
IR.- Da la impresin de que la firmeza que se pudo observar en los primeros das, en particular en el seno de la OEA o en el seno de las Naciones Unidas, poco a poco va cediendo. Van surgiendo cada vez ms opiniones que se expresan de manera cada vez ms firme en la prensa apoyando la idea de que finalmente no hubo tal golpe, hubo evidentemente un gesto torpe por parte del ejrcito expulsando al presidente Zelaya pero que, en realidad, todas las instituciones del pas, la Corte Suprema Electoral, la Corte Suprema de Justicia, el Congreso en pleno, haban tomado una decisin legal de provocar la dimisin del presidente Zelaya. Recordemos que, en un primer tiempo, fue el argumento que se utiliz, en el Congreso se exhibi una falsa carta de renuncia del presidente Zelaya, esa era la intencin.
Hoy vemos cmo esa tesis est regresando, la vemos aparecer en editoriales de prensa, etc. Los golpistas han solicitado, obtenido, pagado los consejos de gabinetes internacionales especializados en derecho, especializados en accin meditica, tienen gran apoyo en el grupo republicano en Estados Unidos, el candidato republicano a la ltima eleccin en EE.UU., John McCain, es un valedor de Micheletti, los editoriales de Wall Street Journal, que es un peridico no lo olvidemos actualmente que pertenece a Rupert Murdoch, la cadena Fox en Estados Unidos que tambin pertenece a Murdoch, The Economist en Londres, grandes peridicos, el propio El Pas en Espaa que ha estado en una posicin dudosa... bien, hay toda una campaa donde podemos leer tambin intervenciones de intelectuales de prestigio, como Mario Vargas Llosa, su hijo lvaro, diciendo "el culpable del golpe es Zelaya", "la culpa la tiene Zelaya en definitiva", "jug a la provocacin y esa provocacin se torn contra l"... Esta tesis hace que ahora veamos algunos gobiernos que se mantienen extremadamente prudentes sobre lo que est ocurriendo y nos estn mostrando que, efectivamente, la tesis de ganar tiempo est dando resultado.
PG.- Finalmente, Profesor, un presidente depuesto que se encuentra en Nicaragua en auto y rumbo a la frontera con Honduras, un ejrcito que se prepara para atajarlo en Honduras, y el otrora comandante Cero, Edn Pastora, junto con Manuel Zelaya, adems de todas las cmaras de Telesur filmando minuto a minuto la saga del depuesto presidente. A qu atenernos con esta puesta en escena?
IR.- Evidentemente esto tiene algo de quijotesco y, en cierta medida, pues da una idea de la generosidad del personaje. Un poco como el Quijote cargando a caballo contra los molinos de viento, el presidente Zelaya avanza hacia las fuerzas armadas que estn dispuestas adems a intervenir y que ya han amenazado que la seguridad del presidente no est garantizada. Evidentemente hay un gesto que es un gesto a la vez noble, es un gesto de resistencia, es un gesto quijotesco, es un gesto de impotencia tambin, pero por otra parte revela bien el hecho de que he aqu un hombre que slo se apoya en sus principios, un hombre que se apoya en la fuerza de sus principios contra los que se apoyan en los principios de la fuerza. Por consiguiente, el presidente Zelaya est forzando a la opinin pblica y a la comunidad poltica internacional a decidir: Quin puede ms? La fuerza de los principios democrticos, los valores de la democracia o pueden ms los principios de la fuerza bruta, militar y violenta?
Fuente: rnw.nl
Escuche la entrevista a Ignacio Ramonet, director de la edicin en espaol de Le Monde Diplomatique: