
Arturo, no Apolinario, fue el segundo nombre del General Manuel A. Odría
Durante años me han perseguido las rectificaciones sobre el segundo nombre del general Manuel Odría. Había un lector que me “aclaraba” jueves y sábados al respecto. Yo estaba seguro de que el personaje se llamaba Manuel Arturo, porque lo había leído en biografía seria.Un lector me envió ayer un correo que respalda mi aserto. Dice así don Víctor Leiva, el lector comedido:“Apreciado señor César Lévano: guardo entre mis documentos copia de la partida de nacimiento de don Manuel Odría Amoretti, que confirma su acierto en cuanto al nombre correcto. Recuerdo vivamente que mi padre no tenía mucha simpatía por la revista Rochabús del periodista Guido Monteverde, en la cual se acuñó el sobrenombre de ‘Apolinario’ para resaltar su condición de serrano, como si el serlo fuera en desmedro de la persona”.El caso me trae otro a la memoria. Corresponde al general Oscar R. Benavides. Durante largos años el APRA le colocó en La Tribuna clandestina el apelativo de Oscar Ruperto. El fin era lograr la maligna consonancia “Ruperto, el tuerto”. El general, que gobernó entre 1933 y 1939 (antes lo había hecho entre 1914 y 1915, después de derrocar al presidente democrático Guillermo Billinghurst), tenía, en realidad, los nombres de Oscar Raimundo. En su segundo período, Benavides reprimió con dureza a los apristas; pero en 1945 pactó con Víctor Raúl Haya de la Torre para lanzar la candidatura presidencial de José Luis Bustamante y Rivero.En la historia parlamentaria destaca el diputado y profesor de San Marcos Manuel Pérez, a quien sus adversarios clavaron el mote de “El Burro Pérez”. Famosa es la anécdota que protagonizó en la insurrección popular que anuló, a la fuerza, el proceso electoral de 1912. Se dice que él presidía en el correo central una mesa de sufragios. Al ver la arremetida popular, nuestro personaje huyó. En la esquina del jirón Camaná, un amigo le reprochó su conducta. Pérez se defendió diciendo:“¡Prefiero que digan: ‘De aquí huyó Pérez por cobarde, a que digan: ‘aquí murió Pérez por cojudo’!”.Pérez no era tan tonto como anunciaba su mote. Luis Alberto Sánchez cuenta que en sus clases de literatura se deleitaba haciendo sonrojar a las alumnas con pasajes rijosos de la literatura clásica española. Hay momentos en que el humor satírico o vengativo, o con ambos impulsos a la vez, rebautiza a los políticos. A David Samanez Ocampo, personaje político de los tempestuosos años 30 peruanos, el pueblo le decía “Pacae Seco”, por lo alto y flaco.En la España ocupada por los franceses, a comienzos del siglo XIX, detentó el trono José Bonaparte, hermano de Napoleón. El pueblo español, que resistió heroicamente al invasor, fustigó al usurpador con el apodo de “Pepe Botella”, debido a su copioso alcoholismo.Vía La Primera