
El café Haití en Miraflores no solo es encubierto recinto donde iluminadas mentes de diversos colores desean a punta de vinos y cafés arreglar la faz o entrañas del Perú.
Por Dante Ramos de Rosas
El café Haití en Miraflores no solo es encubierto recinto donde iluminadas mentes de diversos colores desean a punta de vinos y cafés arreglar la faz o entrañas del Perú.
A veces es testigo penitente si se reúnen dos sujetos apenas para charlar desde el hoy al pasado. Paco Huanacune audaz fundador de la revista virtual Generacción me decía que una madrugada había sostenido vía telefónica una charla ácida con su esposa en razón a la polémica real entre Stalin y Trotsky. Para el Trotsky debió haber ganado todo, "si tenía la sartén por el mango, era dueño de la cocina, del gas y de los fósforos". "Ok", le dije, pero le faltaba algo. "Los fósforos se prenden con una caja ríspida". Y el fundador del ejército rojo no poseía esa llave. En griego llave se escribe clítoris. O sea clave.
Y es que Stalin era dueño de un lenguaje soez y fácilmente entendible, captaba con rapidez a cuadros menos que medios, quien sabe hasta cocineros o enfermeros pero que organizados podían envenenar un batallón. Stalin sabía de la oriental frase: "el agua muy sucia no tiene peces", se había educado en medio de sacerdotes lo cual es mucho decir. Seguro los recluto como salvaje guardia para que como elite de confesores ayudara a salvaguardar secretos y seducir otros misterios de la parte contraria.
Trotsky no logro apelar al ejército rojo para dar un Golpe de Estado y barrer a Stalin como pluma leve, no lo hizo porque era del parecer de educar y agitar a las masas obreras y campesinas. Sacar el ejército lo igualaba a vulgares dictadores centroamericanos. Se limitó a ser un hombre de principios y echó a perder una nación por más de 60 años.
Stalin no solo jugaba muy sucio. Stalin era un tipo abyecto. De pequeño su familia lo maltrató y traumó. Los golpes y durezas eran connaturales para él.
Por eso quien se mete en política debe recordar que la política es el arte del drama concreto de lo real, de lo posible y no la fe de lo estratosférico. De lo verosímil o platónico.
Tener principios está muy bien pero si se desbarranca el país o el entorno uno no va a esperar que baje una nube y nos rescate, tiene que llamarse a actuar y rápido.
Como dice mi padre piscis -signo espiritual pero con asignatura delictiva gélida en sus extremos a provocar- "del lobo un pelo, si, pero si uno enfrenta a un lobo hay que tener del lobo pelo y medio". O sea superarlo.
Stalin empezó a matar a Trotsky de a pocos. A torturarlo con suavidad. Empezó con sus amigos primero, con su hijo en París y poco a poco estrechó el círculo con el "desamparado" huérfano José Mercader, el sujeto hispano que con una pica de ascender Alpes atravesó el cráneo de su protector en México asesinándolo. Fue infiltrado con el mote de huérfano. Raro e insospechado. Trotsky el muy lector, el muy inteligente tenía sus flancos débiles. La pérdida del hijo logró su proyección sicológica en la búsqueda y encuentro hecho vínculo de Mercader en su casa conociendo sus secretos, sus límites, su aura. Resultado: Trotsky muerto.
Moraleja: "en la vida todos son hijos de un dios menor por eso deben ser vueltos a nacer".