
Serena Williams vivió una tarde perfecta. Un sol radiente brillaba sobre las canchas de Wimbledon, su hermana Venus, eliminada en cuartos de final, le había regalado unos pendientes que lució durante la final y la rusa Vera Zvonareva no fue finalmente una rival de talla, lo que le permitió recoger sin grandes dificultades su cuarto trofeo de Wimbledon su decimotercero en un Grand Slam. Saque, potencia física y solidez mentaol fueron, como de costumbre, sus mejores argumentos...
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