
Dunga puede desaparecerse El entrenador auriverde es el principal responsable del fiasco. Este fracaso lo perseguirá durante mucho tiempo, aun más cuando se conoce la furia que desatan los medios de comunicación brasileños hacia un técnico que detestan. Sus relaciones con la prensa han sido terribles durante la competición. No había más entrevistas antes o después de las prácticas, algo muy común en la era de Parreira en 2006. Bienvenidos pues la preparación a puertas cerradas y los cambios de lugar, intempestivos para los periodistas, siempre omnipresentes, pero nunca tan frustrados como con Dunga. El ex campeón del mundo se peleó con la poderosa TV Globo y se distanció con la FIFA. Nada menos que eso. Su intransigencia y su paranoia fueron demasiado lejos. En el campo de juego, un mínimo de espectáculo. Los ex jugadores lo acusan de haber malgastado el legado histórico del Fútbol Samba. El lirismo desapareció y dio paso a un extremo rigor táctico. Sócrates, Tostao y cía. no han digerido lo que ha sucedido. Un Dunga solo, no tenía más opción que ganar el Mundial para probar su tesis y salvar la cabeza. Conocemos el final. El regreso a casa va a ser una dura experiencia. Demasiada confianza mata a la confianza Esto fue flagrante contra Holanda. Ante la primera adversidad, el castillo de naipes erigido por Dunga se vino abajo. En cuestión, el frágil estado mental de su equipo. Los brasileños se mostraban demasiado confiados. Derivaron hacia un optimismo ciego después de una primera fase que, podría decirse, fue bien superada. Salieron como líderes en un grupo más bien difícil, con tres partidos exitosos y dos goles en contra. El octavo de final contra Chile los confortó. Holanda sería pan comido y de ahí el camino hacia la final estaba trazado. Abrieron el marcador muy (¿demasiado?) temprano por intermedio de Robinho, quien daba la impresión de haber anotado el gol del triunfo en la final. Envanecidos por lo que creían, terminaron al final siendo tomados a contrapié. A diferencia de los neerlandeses que mostraban un estado mental de acero. El bloque auriverde pues sufrió como nunca en este encuentro, incapaz de controlar el balón, plantear el juego y dar pruebas de creatividad. Los protegidos de Dunga volvieron a sus antiguas andanzas luego de los dos tantos holandeses. Una salida al azar de Julio César ante un centro de Sneijder, antes del gol inverosímil del pequeño genio del inter, sin marcación al lado de un Felipe Melo más bien estático, quien había cometido ya un error en el gol del empate de Holanda.
Individualidades sin peso Este fracaso de un grupo muy seguro de sí mismo va acompañado de las deficiencias a nivel individual. Michel Bastos hizo su mejor juego... en la preparación contra Zimbabue, anotando un gol de tiro libre supersónico. Después, continuo haciendo su trabajo, pero sin brillo en particular. La bisagra central Lucio – Juan, al igual que Maicon, no tiene la culpa. Es en el medio que el golpe hace daño. Gilberto Silva mostró un juego claro, pero sus piernas no le permitieron impulsar la revuelta. Elano comenzó bien hasta que llegó su lesión. Frente a Holanda, hizo mucha falta, porque Felipe Melo fracaso en los grandes espacios. Protagonista de una temporada desastrosa con la Juventus, el último se convirtió en un titular indiscutible durante todo el torneo. Hasta que el viernes colapsó por completo, sobrepasado por los acontecimientos fue expulsado luego de clavar los crampones en Robben. Delante de eso, Kaká sentía escalofríos. Sin imaginación en el juego y suspendido para jugar el partido contra Portugal, hizo tres buenas y decisivas entregas contra Holanda, cosa que salva su balance. A pesar de algunas buenas aceleraciones, Robinho fue muy inconstante, mientras que Luis Fabiano, quien se había lucido hasta este partido marcando tres goles, incluidos los dos contra los Leones de Costa de Marfil, no se hizo notar para nada contra la Naranja. Todo esto no era, obviamente, suficiente. Fuente: L’Equipe