
Hasta ahora, el escándalo del caso L’Oréal era un guión de tono casposo entre una anciana millonaria, Liliana Bettencourt, y un fotógrafo vividor que la sociedad francesa seguía casi con humor, pero el giro que está tomando el caso, con revelaciones de supuestas irregularidades que apuntan a la cúpula política de Francia, llevan camino de convertirlo en una cuestión de Estado que amenaza con salpicar al presidente Nicolas Sarkozy y a uno de sus delfines, el ministro de Trabajo, Eric Woerth, encargado de la explosiva reforma del sistema de pensiones. La ex contable de la heredera del imperio L’Oréal, aseguró el lunes a la policía –reafirmándose después en una entrevista al periódico digital Mediapart- que 150.000 euros en efectivo fueron a parar a los fondos de la campaña electoral de Nicolas Sarkozy en 2007. “De Maestre –gestor de Liliana- me dijo que iba a cenar con Woerth para entregárselos discretamente, y que la cena era ya mismo", asegura la ex contable...
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