
“¿Cree usted en las cosas del destino y la predeterminación? Yo no”. Ex-profesor y ávido lector, Oscar Tabárez, se remite a lo que dice razón. Cuando algunos se inclinan a ver en la mano de Luis Suárez un signo del Señor, o en el penalti errado Asamoah Gyan un apoyo que proviene del todopoderoso, Oscar Tabárez prefiere echar mano del pasado mitológico de la Celeste, dos veces Campeón del Mundo (cuatro si contamos las victorias en los Juegos Olímpicos de 1924 y 1928 como es habitual en Uruguay) a fin de inspirar a sus jugadores. Del legendario Alcides Edgardo Ghiggia, por ejemplo, invitado a compartir lo cotidianidad de su dirección técnica. De esta manera, en Sudáfrica los jugadores celestes pueden compartir momentos en el desayuno o en el campo de entrenamiento con el principal culpable del Maracanazo, con el autor del gol que sumió a Brasil en un duelo nacional y dio su segunda Copa Mundial al pequeño vecino del sur. "Los jugadores lo buscan, incluso han discutido entre ellos para saber quien come en su mesa, estos chicos están realmente interesados en el pasado la selección", se jacta Tabárez. Lejos de los jugadores amnésicos postmodernos que se muestran ajenos a lo que sucede en su entorno y van con sus auriculares bien puestos en los oídos, los uruguayos están locos por las lecciones de historia. "En respuesta a su propia solicitud, hemos fortalecido nuestra modesta biblioteca con libros sobre la selección de Uruguay", continua diciendo el maestro, aficionado de los escritos de Eduardo Galeano o el Che Guevara. Más que traer suerte, Ghiggia, con su presencia, recuerda que este pequeño país de 3 millones ya ha derribado a algunos gigantes. Lo que conviene recordar, dado que el David uruguayo partirá desde muy bajo a la hora de enfrentar al Goliat que es Holanda, pues estará privado de dos titulares indiscutibles, los suspendidos Luis Suárez y Jorge Fucile, y tal vez de su capitán, Diego Lugano, quien sufre de un esguince a la rodilla. "En la medida en que no me retiren, sigo soñando con ser campeón del mundo”, dice el segundo, no sin antes añadir que “en Uruguay, en cualquier rincón del país, te enseñan que tienes que ser campeón”. Los jugadores de la Celeste son los herederos. A fin de paliar la ausencia de Suárez, Sebastián Abreu, máximo goleador en la actividad de la selección, podría estar en la alineación desde el inicio del partido. Al menos que Tabárez ensaye de nuevo una fórmula de dos atacantes con el dúo de Cavani-Forlán. Una opción que fue abandonada después del partido contra los franceses, donde el medio campo tenía dificultades para articular con los goleadores. Una cosa es cierta: sea cual sea el once, el estilo no se desviara de la línea trazada por Tabárez. Al igual que otros éxitos sudamericanos (Chile, Paraguay) en este mundial, Uruguay aplica los preceptos claros y firmes del entrenador, perfeccionados en los cuatro años de mandato. ¿El credo del Maestro? "Es necesario que tratemos de limitar las posibilidades del adversario; cuanto más fuerte es el oponente, más opciones tiene en el ataque, más énfasis se debe poner en el aspecto defensivo". La garra charrúa, realimentada por los 1.000 kilos de barbacoa proveídos a la selección por el Instituto Uruguayo de la Carne, no es un antiguo mito que está almacenado en los armarios de la historia. La Celeste de Tabárez quiere escribir la suya el martes, inspirándose en lo que hicieron sus mayores. De Gigghia, por ejemplo, consagrado hace 60 años. Sólo los uruguayos creían entonces en un nuevo título de Campeón del Mundo. ¿Han abierto y leído los holandeses sus manuales de historia?
Fuente: sofoot.com