
Por Mirko Laueros comentarios del exterior al discurso de Alan García se han concentrado en el aumento del gasto social, al cual consideran una reacción a las protestas recientes en el país. En cambio entre algunos opositores de dentro esto ha sido visto como populismo (en su nueva acepción de ganar favor político solventando a los pobres).La izquierda lamenta que García no haya modificado sus puntos de vista en estos pasados tres años, ni dado la razón a quienes lo vienen criticando. Por su parte la derecha ha estimado que las medidas de alivio social equivalen a un desplazamiento hacia el centro político, lo cual extrañamente no parece molestarle.Los diversos sectores de interés con voz pública en el país han hecho notar sobre todo las ausencias de medidas que hubieran podido beneficiarlos. Lo cual en cierto modo es un eco de las sugerencias previas que funcionan como suerte de eco de las sugerencias-memorandos de cara al mensaje que va a ser pronunciado por el presidente.Si los medios son una medida, la reacción ha ido entre un apoyo tibio y un clima de reclamo. Es sintomático que dos de los anuncios más aprobados han sido en el campo de la reforma electoral: doble vuelta en las elecciones regionales y elección por mitades al Congreso. Incluso algunos congresistas y presidentes regionales han expresado su acuerdo.Pero los comentarios de política pura y dura han hecho hincapié en la enorme cantidad de promesas en el discurso, y en las dificultades que va a tener García para cumplirlas. Lo cual ha ido de la mano con el tema del cúmulo de promesas realizadas en anteriores mensajes (electorales y a la Nación) y que todavía no se han materializado.Una visión panorámica de los comentarios locales muestra que si bien es cierto que García en lo esencial no ha modificado la línea iniciada en el 2006, el mensaje también ha servido para que sus críticos se ratifiquen en sus propios puntos de vista. Lo cual confirma que también en estos tiempos la política no es un diálogo, sino una pugna.La reacción del propio García a las críticas ha sido un displicente "Dejemos que hablen", quizás una manera de comunicar que no piensa establecer polémica en torno al tema. Lo cual es sensato, pues un discurso de este tipo es un calidoscopio de flancos abiertos donde el emisor del mensaje no tiene manera de salir airoso.Lo que viene ahora son los efectos del mensaje, que no necesariamente serán un espejo de las reacciones. Los inversionistas habrán entendido que las cosas siguen igual, a pesar del llamado populismo. Los políticos acaso hayan visto la llegada de un Ejecutivo más activo en política de lo que fue hasta el momento.
Fuente: La República