
Al cruzar la meta, Mark Cavendish levantó los brazos con una fuerza tal que parecía liberarse. El británico vivía como una humillación sus fracasos en los días anteriores, sobre todo el domingo y el lunes, cuando no pudo impedir las victorias del italiano Petacchi. Este jueves, a doscientos metros de la meta, "Cav" no dudó a la hora de dar una de esas aceleraciones que hacen de él un velocista único en el pelotón. Tras recibir las felicitaciones de sus compañeros del equipo HTC-Columbia, Cavendish subió al podio y no pudo retener las lágrimas. Lágrimas de alegría reveladoras del orgullo de un campeón herido...
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