
Fue el jueves, luego del mediodía, cuando Fariñas empezó a ingerir agua. Una treintena de opositores se había desplazado hasta el hospital para convencerlo de dejar el ayuno tras el anuncio de las excarcelaciones. El periodista y psicólogo estaba internado en una sala de terapia intensiva de Santa Clara, a 280 kilómetros de La Habana.
Para que eso suceda, la Iglesia Católica -y también el canciller español Miguel Angel Moratinos- fueron los negociadores fundamentales. Voceros de la Iglesia habían adelantado el miércoles a última hora que cinco presos serían liberados pronto y viajarían en breve a España.
También agregaban que otros 47 en un plazo máximo de cuatro meses serían liberados y que todos ellos podrían salir del país, lo que después también fue confirmado por el presidente Raúl Castro al cabo de un encuentro con el cardenal Jaime Ortega y el propio Miguel Angel Moratinos. Con eso, Fariñas ya tenía el motivo para levantar su medida...
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