
Eran espías, nomás. La versión que indicaba que el desmantelamiento de la red de agentes rusos que había infiltrado el sueño americano era una conspiración de los halcones de Washington para arruinar la luna de miel entre Obama y Medvedev; las sospechas de que los métodos: tinta invisible, intercambio de maletines en los parques eran demasiados ridículos para ser ciertos, se desvanecieron. Es cierto que la historia parece menos una novela de John Le Carré que una película de los hermanos Coen. En todo caso, los "diez espías rusos vuelven a casa, Moscú", titula el británico Daily Mail, que habla del "mayor canje de espías desde la guerra fría". A esta hora, el grupo que desde la era Clinton trabaja para el Kremlin debe estar tomando el té en la Plaza Roja, incluyendo a la peruana Vicky Peláez, que como indica el español ABC "admitió que espiaba para Rusia". El madrileño El Mundo añade que Peláez es la única que pondrá por primera vez un pie en la Madre Rusia, "que le ofrecerá vivienda gratuita en ese país, visados para sus hijos y viajes a gastos pagados para ellos, y una pensión de 2.000 dólares para ella". Pero el oro de Moscú no parece consolar a la columnista peruana: el proceso "fue muy doloroso para ella", dijo su abogado, porque "su marido le ha confesado cosas que ella desconocía". Entre las confesiones de su marido, su nombre, que no era Juan Lázaro, sino Mikhail Anatonoljevich Vasenkov...Leer más en rfi