
Augusto Alvarez Rodrich
La afirmación del presidente Alan García sobre la buena recepción que, "en términos generales", tuvo su mensaje al Congreso es poco comprensible salvo que se refiera a comentarios de su equipo.
Por ejemplo, del premier Javier Velásquez Quesquén, quien sostiene que con el mensaje presidencial y el nuevo gabinete el gobierno ingresa a "una segunda etapa en la que se acercará más a la gente y se empujará mejor la descentralización".
O la respuesta del congresista Jorge del Castillo al titular críptico y extraño de ?¿Viraje al centro??, sosteniendo que, tras cumplir ?la primera etapa? en la que se debía "generar confianza en la ejecución de políticas de estabilidad económica y jurídica", ahora se ha dado "un golpe de timón" para "entrar más agresivamente a un proceso de redistribución".
El gobierno ya se siente en el umbral del momento de ?a gozar sabroso? luego del supuesto sacrificio de los tres primeros años, es decir, el tiempo del reventón y de preparar el terreno para las elecciones regionales/municipales y presidenciales/congresales que están a la vuelta de la esquina.
Al gobierno se le nota agotado, lanzando fuegos artificiales con pólvora mojada como la renovación parcial del Congreso ?cuyo fin central es distraer a la gente?; e improvisado, como fue obvio con la propuesta de la cárcel selvática para los corruptos que obligó al ministro Aurelio Pastor a realizar la función que mejor le sale: dar la cara ante un desaguisado.
Entre agotamiento e improvisación, el plato de fondo de la ?segunda etapa? es la ?descentralización popular? a través de ?núcleos ejecutores?, que no son otra cosa que darle dinero directamente a la gente para que realice pequeñas obras.
La idea es buena, pero requiere de control eficiente y técnico para evitar que se vuelva carnaval preelectoral. Y es ahí, precisamente, donde se le ve el fustán a la verdadera intención de esta iniciativa presidencial, pues el sistema va a ser manejado por nada menos que el activista aprista especializado en organizar mítines políticos: Carlos Arana.
Ni corto ni perezoso, este jefe de Foncodes cercano a Agustín Mantilla ?quien hace tres años anunció a los compañeros que solo había que esperar un poquito para el abordaje?, organizó el lanzamiento de la ?descentralización popular? en Palacio con cien dirigentes que inaugurarán el sistema. Quizá sean los comentarios de estos muchachones a lo que se refería el presidente por "buena recepción".
Con la presencia en esta ?segunda etapa? de Velásquez Quesquén en la PCM, Luis Alva Castro en la presidencia del Congreso, y apristas de choque ?como Pastor? en el gabinete, ha empezado la era del ?hombre Arana?.
Por Augusto Álvarez Rodrich
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Fuente: La República