Hugo Chavez
Por Fernando Londoño
Ex Ministro del Interior de Colombia
Cualquiera podría suponer lo que ocurriera el día que vinieran a disposición de una persona así cuarenta mil millones de dólares por año. Giovanni Papini dedicó una de sus obras inmortales -El Libro de Gog- a una hipótesis semejante. Pero las extravagancias fabulosas de este rico sin fronteras, terminaban por ser inofensivas. Chávez es como Gog, pero en perverso y en torpe. El otro era ingenioso y en el fondo bonachón.
La peligrosidad de Chávez no es hipotética. Ecuador la está pagando, pues que con el dinero del petróleo venezolano se instauró allá otra dictadura de pésimo pronóstico, la de Correa, cuyos costos a nadie escapan; está acabando con Bolivia, apoyando a Evo Morales, cuyo menor defecto es el de cocalero actuante y confeso; a Nicaragua le instaló por segunda vez un matón corrompido; demoró la transición en Cuba, mediante la transfusión de cinco mil millones de dólares por año, que los venezolanos pagan, adoloridos y pacientes; le ha tendido la mano a los 'pingüinos' argentinos, con la friolera de más de diez mil millones de dólares en bonos que el mercado mundial aborrece; y Perú y México tienen la amarga experiencia de haberse sentido al borde de sendos abismos chavistas.
Pero ahora, más desesperado que nunca, vuelve a poner sus ojos en Colombia. Porque su situación interna es catastrófica. Cuando no hay comida en los mercados, cuando ya la oposición se sabe mayoría y el pueblo está dispuesto a batirse por Globovisión, sólo le queda un conflicto internacional. Que no será con los Estados Unidos, pero que sí puede ser con Colombia.
A un sujeto como Chávez no le queda lejos nada. Hitler, al que se parece tanto, invadió Polonia y después se metió en Rusia. Chávez no tiene con qué invadirnos, pero se muere de ganas de ensayar sus aviones rusos y de precipitar la más infame e irracional de las guerras. Este Chávez, no es un valiente. Lo demostró cierto 4 de febrero. Pero sí es un loco, como lo demuestra todos los días. Y un loco megalómano, con plata en la chequera y juguetes letales, demasiado para lo que nos merecemos, nosotros y nuestros queridos hermanos venezolanos.