
En cada uno de esos casos, las empleadas de esos centros de prisión fueron descubiertas, amonestadas y obligadas a dejar sus empleos, de acuerdo con documentos que detallan una investigación de una prisión de Montana a los que la Associated Press tuvo acceso luego de presentar una demanda para exigir la apertura de los registros.
Un estudio del Departamento de Justicia destaca que casos como el de Murphy son comunes: el personal femenino es a menudo más implicado que el de sus colegas masculinos en cuestiones de comportamiento inadecuado sexual en las prisiones.
Pese a que muchos casos podrían ser considerados como relaciones sexuales de común acuerdo, expertos en encarcelación y las celadoras han dicho que el problema es mucho más complicado.
En algunos casos, las mujeres dijeron que no podían negarse por miedo, o que no quisieron conversarlo con algún compañero de trabajo por vergüenza a lo que había ocurrido.
Los expertos aseguran que hay una cultura de hermetismo en las prisiones que dificulta que las celadoras puedan hablar de sus problemas antes que estos se agraven.
La investigación muestra que Murphy convenció a por lo menos cinco empleadas de prisiones de Montana a violar las reglas durante varios años.
Incluso convenció a su terapeuta que tuviera relaciones sexuales con él y pudo acordar un encuentro solitario con ella pese a que las autoridades de la prisión conocían su historial de relaciones con empleadas de la cárcel.
Una empleada penitenciaria enfrenta ahora cargos de encubrimiento. Murphy, de 36 años, no enfrenta ningún cargo. Está preso por robo, falsificación y otros cargos.