
Con el ingreso de Yehude Simon al Premierato estamos asistiendo a un cambio de estilos y de propuestas dentro de un mismo gobierno. Hace pocas horas el padre Gastón Garatea, en la reunión con las organizaciones sociales de Tacna, ha manifestado que las personas necesitan ser escuchadas. Las recientes paralizaciones de labores de médicos y trabajadores, tanto del Ministerio de Salud como de EsSalud, son la consecuencia de la comunicación de sordos que en algunos sectores del gobierno se ha venido dando. Circunstancialmente se ha producido un despertar en nuestra sociedad acostumbrada a no querer ver la realidad que vivimos. Los “petroaudios” y los correos electrónicos, que han tocado de manera directa al sector Salud, no han hecho más que desnudar, a dos años de gobierno, una situación que se continúa arrastrando de gobiernos anteriores, esto es la carencia de un sistema de Salud organizado y la ausencia de una política nacional de Salud que establezca el compromiso de todas las instituciones que conforman este sistema (Minsa, EsSalud, Sanidades, Universidades, etc.) con fines y objetivos comunes en beneficio de la ciudadanía en general. El necesario alineamiento de estas instituciones hacia un fin común aún no se ha dado. Es evidente que un sistema de Salud fragmentado y desorganizado como el de nuestro país genera realidades tan disímiles. La ausencia de una política nacional de salud conlleva a que cada organización desarrolle su propia política con sus particulares distorsiones, y en algunos casos hasta con errores conceptuales, como por ejemplo considerar la atención primaria de salud como si fuera una atención básica de primer nivel y ponerla como apéndice de hospitales en construcción, es que no han leído ni entendido Alma Ata de 1978. Es posible que se necesiten nuevos hospitales aun cuando existan muchos hospitales con capacidad ociosa no utilizada; pero mucho más importante es la inversión en el capital humano. No basta que se contraten médicos, profesionales o trabajadores de salud; importa más desarrollar una mística de estos trabajadores hacia la población y los asegurados, pero sólo será posible cuando las autoridades entiendan la necesidad de lograr acuerdos de gestión y cumplir los compromisos asumidos. Quién mejor que los trabajadores, compartiendo sus vivencias y experiencias con la población, pueden aportar positivamente a la construcción de un sistema de salud participativo, descentralizado, transparente y eficiente.