
Si algo más cabe decir sobre este mundial de fútbol sudafricano, permítanme unas líneas. Esto concierne al hecho de que por fin, después de 10 que se han sucedido durante 40 largos años, el mejor se ha hecho con la victoria. Sí, el mejor. Al igual que lo que hizo el Brasil de Pelé en el Mundial de México 70, la España de Vicente del Bosque, en canchas sudafricanas, jugando el mejor futbol triunfó y conquistó la gloria.Sí, lo digo sin medias tintas, hubiera sido una vergüenza que gane Holanda. Ayer, los once Naranja no merecían la victoria. Esta, con justicia, derivó hacia los predios que debía. Iniesta a los 114 minutos, con su tiro cruzado, dentro del área, desde la derecha, solo hizo lo que tenía que hacer: justicia con el buen futbol que La Roja ayer práctico en Johannesburgo. Ni más ni menos, no había por qué sorprenderse... No hay por qué.Hubiera sido un desastre para la practica del buen balompié que en alguno de los 360 segundos que luego quedaron por jugar, por cosas, por casualidad, del destino desde los pies de Robben o de este pequeño grande que es Wesley Sneijder hubiese salido un remate decretando la injusta paridad. No para que gane Holanda, sino para conducirnos hacia los dominios del paroxismo que es el hecho de presenciar el lanzamiento de la tanda de penales. Y solo Dios sabe con que resultados.Que España festeje, a lo grande, es lo justo. Nunca como ahora, un capitán de equipo como es Iker Casillas, quien con dos soberbias intervenciones impidió lo injusto, levantó el trofeo y, trascendiendo los dominios meramente deportivos, le dijo al mundo que en lo sucedido, después de cuarenta largos años, la feliz convergencia entre el éxito y lo mejor se había producido: España había ganado. Es lo justo.