
El presidente francés comparece ante las cámaras para levantar un estado de opinión que lo sitúa como el mandatario más impopular en 30 años, según las encuestas. Un informe de la Inspección General de Finanzas que absuelve a su delfín Eric Woerth prometía allanarle el camino, pero el ministro no descarta dimitir.En una entrevista televisada y en horario de máxima audiencia, como no podía ser de otro modo en el caso L’Oréal, el presidente francés, Nicolas Sarkozy, tratará de desactivar la bomba mediática que le ha rodado hasta los pies después de que la ex contable de Liliane Bettencourt le acusara a él –aunque luego rectificó- y al ministro de Trabajo, Eric Woerth, de haber recibido grandes cantidades de dinero de la millonaria anciana.
En cuatro semanas el caso ha pasado de ser un circense asunto entre millonarios y vividores a convertirse en un asunto de Estado en el que la cúpula política de Francia aparece envuelta en una turbia red de supuestas evasiones de impuestos, donaciones ilegales y sobornos. Otra pesada piedra colgada de la popularidad de Sarkozy que, según la última encuesta del instituto OpinionWay, sólo recibe la aprobación del 30% de los ciudadanos, convirtiéndose en el jefe de Estado más impopular de Francia en los últimos 30 años.Leer más en rfi