
Lo bueno
Lo colectivo ha primado sobre lo individual. Las estrellas mediáticas como Cristiano Ronaldo, Kaká, Messi, Etó y demás no pudieron reeditar en canchas africanas los antecedentes de los que vinieron precedidos. ¿Serán merecedores de poseer esas abultadas cuentas bancarias?
España completó su álbum. Después de varios intentos fallidos, en los que ni siquiera había llegado a estar cerca de una semifinal, el esquipo español consiguió el único título que le faltaba a esa impresionante colección de trofeos que sus equipos de club y nacionales han levantado: Eurocopa, Intercontinental, Champions, UEFA.
El humor también estuvo presente. Con el pulpo Paul a la cabeza, los hinchas de todo el mundo hemos gozado con las ocurrencias que han hecho que no todo sea más importante que simplemente disfrutar de este juego.
Uruguay se levantó de años de marasmo. De la mano de un Diego Forlán inspirado e inspirador, los charrúas jugaron un mundial con la mística del maracanazo del 50 a flor de piel. Bien por el ejemplo de pundonor y amor a la camiseta.
Lo malo
Francia e Italia dieron pena. El campeón y subcampeón en Alemania se fueron, uno en medio de peleas y escándalos; otro, con la certeza de que su liga organizada en base a armar equipos con dinero sin darle importancia a la formación de jugadores les pasó la factura finalmente.
Inglaterra decepciona una vez más. Algo parecido le pasó a Inglaterra, donde se juega la mejor liga del mundo, ya que tuvieron problemas para formar un cuadro competitivo, empezando por no tener un arquero de nivel: James es portero del equipo que ha perdido la categoría.
Brasil demostró que es un mito. Antes de la copa, era el favorito de todos, pero un análisis más pausado nos daría como resultado que los brasileños basan su autoridad en los medios y quizás en su simpatía, no en sus logros. Desde que ganaron la Jules Rimet en el 70, solo han campeonado dos veces. Las mismas que Italia, Alemania y Argentina, es decir que superioridad no había.
Lo feo
La pelota Jabulani. Fue criticada antes del mundial, pero la FIFA n o dio su brazo a torcer y la mantuvo. Inclusive la NASA hizo un test y dio como resultado que era una pelota inestable. Nada como la de cuero de verdad.
Los arbitrajes instalan la polémica. No solo Larrionda ha metido la pata. Webb, en la final, también erró, aunque no tan clamorosamente como el uruguayo. El estilo del inglés funciona en la Premier League, pero en la final del mundial de vio sobrepasado. ¿Será la aplicación de la tecnología la solución? Ya la FIFA ha dicho que no. Personalmente, estoy de acuerdo con esa decisión.
Maradona y su ego. Alimentado por la adoración popular de la que es objeto, Maradona demostró a propios y extraños lo que ya se sabía: no es entrenador. Llevó un equipo cojo, improvisó jugadores en puestos claves en el fútbol moderno, dejó de lado a estrellas de la talla de Cambiazo pero convocó a su amigo Palermo; en fin, los resultados hablan.
Por supuesto que este balance no es completo, ni pretende serlo; es solamente un punto de vista. Con toda seguridad, los lectores podrán engrosar la lista con sus aportes.
Cesar Klauer