
Han pasado poco más de dos días desde que el 11 de julio, España, derrotando en Johannesburgo a Holanda por la mínima diferencia, escaló hasta la cima de la gloria en el fútbol mundial. Las imágenes de lo que se suscitó, no digamos lejos del estadio en la península, sino más bien en el mismísimo escenario donde se habían desarrollado las acciones, quedan fijas en nuestras retinas. Jugadores españoles, como era de esperar, gritando, saltando, solos o formando pirámides humanas, en medio de un ensordecedor bullicio producido por las omnipresentes vuvuzelas y los hurras de la hinchada ibérica enloquecida por la alegría, en fin... en medio de todo, o para ser más preciso, discretamente al lado, un hombre, alto, de poblado bigote, de expresión bonachona, viendo como las emociones se desembalsaban... Tratando, como en otras ocasiones, incluso cuando la suerte le fue adversa a la escuadra española ante los helvéticos, de mantener la compostura. Negándose, en un principio, a ser levantado por sus dirigidos que no encontraban mejor forma para compartir en un inicio tamaña felicidad con él, el “Mister” que es como le llaman. He ahí, Vicente del Bosque, quien además de ser un estratega sin par en este mundial, mostró lo que significa ser un ser humano a carta cabal. Con Vicente del Bosque lo más noble en términos de principios y valores que subyacen en todo juego de la calidad desplegado por un combinado como el español, cruza las fronteras de lo estrictamente deportivo para ir a instalarse por siempre en la mente de todos aquellos que desde una u otra perspectiva observaron lo que sucedía en el rectángulo donde 11 jugadores dieron todo por lograr la tan deseada victoria. Nunca como ahora, con Vicente del Bosque, desde los predios del balompié, se había proyectado tanta modestia, integridad y nobleza hacia la sociedad. Bien hizo entonces su Rey, Juan Carlos, al dedicar en el Palacio Real unas especiales palabras, precedidas de un efusivo abrazo, a este hombre, de casi 60 años, que siempre prefiere la discreción a la notoriedad y el boato. Muy bien hizo el monarca español, al igual que Rodríguez Zapatero, ya en la Moncloa, en forzar buenamente la situación y hacer que este paradigma del buen comportamiento dentro y fuera del campo sea justamente notado y valorado tal como merece. Honor para España de tener hijos como él. Pues, hay que decirlo, si como hombre de deporte Vicente del Bosque es un miembro de la elite de los grandes del banquillo a lo largo de la historia, como persona en la arena extradeportiva forma parte también de esa minoría selecta que es capaz de mostrar humanidad en sus actos, eso que toca la fibra de todo aquel que se desea mejor. La imagen de su hijo portando la Copa del Mundo en el Palacio de la Moncloa dice mucho, muchísimo, sobre clase de hombre que es él. Un verdadero ser humano... Ese es Vicente del Bosque. JOSE PEÑA
30 años han pasado... nada en la vida de este gran hombre...