
La undécima etapa del Tour de Francia comienza este jueves en la ciudad de Sisteron, que recibe a la Gran Caravana por primera vez en su historia. Sisteron marca el final de los Alpes y el inicio de la Provenza francesa, con sus 300 días de sol por año, las aguas del río Durante, sus olivos y sus manzanos. Un paisaje que los ciclistas no podrán disfrutar en una etapa cuyo ritmo será dictado por los velocistas.
Su bella ciudadela del siglo XII, donde Napoleón reunió de nuevo a sus hombres a su retorno de la isla de Elba, preside el pistoletazo de salida a un etapa más bien plana, ideal para los especialistas del sprint y para una vertiginosa llegada a meta, 184’5 kilómetros más lejos, en Bourg Lès Valences.
En el camino el pelotón y el resto de acompañantes van a poder disfrutar de la entrada en los valles que nacieron al final de los glaciares, en épocas antiguas. Valles fértiles con ríos, árboles frutales y geólogos que llegan hasta aquí para intentar comprender la formación de estas tierras.
Por esas carreteras pasa el pelotón, fiel a su pedaleo, sufriendo un día más el calor estival y camino a Bourg Lès Valences. La antigua ciudad industrial vive en el Valle del río Rhône y ha sabido preservar su entorno. Tiene 20.000 habitantes y una activa vida económica, además de un singular modo de transporte, muy apreciado por sus ciudadanos: la bicicleta… eléctrica, en la que pedalear es lo de menos.
No es el caso del pelotón del Tour de Francia que va a ofrecer el bello espectáculo de la llegada a los habitantes de Bourg Lès Valences, vestidos de fiesta para la ocasión...
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