
George W. Bush fue el primer presidente de los Estados Unidos que visitó Perú, y esta semana lo habrá hecho dos veces. En marzo del 2002 vino para reunirse en Lima con los presidentes andinos, y de paso visitar al amigo Alejandro Toledo. Esta vez viene por compromiso con la APEC y, políticamente hablando, para despedirse.
La vez pasada se trataba de darle un empujoncito adicional al Plan Colombia. Ahora es una obligación más bien extemporánea: llega como un pato rengo, a mes y medio de su partida, en el eclipse de ocho años de discutible performance. Aun así, resulta el visitante más importante en la reunión que arranca el jueves.
Pero el pato presidencial anda rengo, pero extrañamente agilito, según la prensa de su país, que vienen denunciando numerosos cambios de último minuto que viene realizando su equipo de gobierno, y que buscan amarrar las políticas de Bush todo lo posible. Sobre todo en derechos humanos y temas ambientales.
Hay versiones sobre que este último Bush está pegado con babas a la presidencia: "El fuerte desánimo de Bush viene siendo palpable desde hace muchos meses, y sin la hora o dos de extenuante ejercicio al centro de su día, su estado mental sin duda estaría bastante más sombrío", escribe David Bromwich en el último New York Review of Books.
La visita no es de la persona, sino de lo que ella todavía representa. Por eso aun al borde de la partida, va a merecer una marcha de protesta para él solito en Lima, pálida sombra del paso del vicepresidente Richard Nixon hace medio siglo exacto. No así Hu Jintao, estalinista de mercado, ni alguno de los sátrapas asiáticos menores que recalarán aquí.
A todo lo que representa Bush se añade ahora su condición de representante del neoconservadurismo reconocido hoy como origen y epicentro de la crisis económica mundial en marcha. Lo cual va a complicar los discursos de bienvenida, no solo ante Bush, sino ante todo el mundo desarrollado que se presenta en APEC.
El gobierno peruano no dejará de saludar la dura batalla que dio Bush frente a los demócratas del Congreso por el TLC con Perú, corolario de casi 10 años de particularmente fluidas relaciones bilaterales. En estos años de avance del chavismo hemos sido, junto con Colombia, una isla de cercanía a las políticas de Washington.
Ahora que los presidentes viajan mucho más, es no es descabellado pensar que Barack Obama visite este país. Sin embargo la agenda de esa visita aún no está clara. Como si el TLC hubiera agotado los temas mayores de la agenda peruana con todo el hemisferio norte. Lo que queda son sobre todo temas de cooperación y apoyo.