
Es el monumento con entrada paga más visitado del mundo y símbolo universal de París. Este verano recibe un promedio de 32.000 turistas por día. Al borde del colapso operativo, quiere apostar por la atención y ofrecerá contenidos en varias plataformas. Desde esta semana, alquilan I Pads con desarrollos multimedia para conocer más sobre la Ciudad Luz desde las alturas.
Según Jean-Bernard Bros, presidente de SETE (la empresa que explota la Torre), la Dama de Hierro de la capital francesa está trabajando al límite de lo que una experiencia agradable para los visitantes podría tolerar. “Superar los 7 millones de visitantes se volvería incómodo para el monumento -que trabajaría demasiado- para los equipos técnicos y el personal, sometidos a demasiada presión y, por supuesto, para los visitantes”.
Es que a todas horas, un ejército de turistas parece no cansarse nunca de hacer largas colas bajo el sol en alguna de los tres pilares que conducen a los ascensores para subir los 115 metros hasta el primer nivel.
A estas alturas del verano parisiense, la zona aledaña a la Torre (el Quai de Branly, el Puente de Iéna, el Trocadero y su explanada y el Campo de Marte) explota de gente que aprovecha la luz solar hasta pasadas las diez de la noche. La marea humana se entretiene en los puestos de crêpes, gallettes y salchichas de Toulouse que derraman su olor hasta los imponentes arcos de la base de la torre, donde los vendedores de baratijas que venden miniaturas a un euro están siempre listos para salir huyendo de la policía...
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