
Mirko Lauer
Juan Luis Cipriani acaba de dar una nueva muestra de lo que da la impresin de ser su gesto favorito: descargar el peso de su cargo sobre las espaldas de un sacerdote heterodoxo. Lo hizo en el caso del movido padre Martn Snchez, del Hogar de Cristo. Acaba de hacerlo con el sacerdote cajamarquino Marco Arana.
No es novedad que Cipriani exprese opinin poltica. Lo hace regularmente en sus espacios peridicos en radio y TV. No es el primer Cardenal que lo hace. La lista de nuestros arzobispos polticos es larga. Su antecesor Augusto Vargas Alzamora llev su activismo poltico hasta el grado de lanzarse al suelo de un automvil para mantener una reunin secreta.
Tampoco Arana est inaugurando la lista de curas en la poltica. Su antecesor en una carrera presidencial es el cura Salomn Bolo Hidalgo, de la clebre frmula Bolo-Pando-Sofo. En realidad los sacerdotes que no usan el peso de su investidura para hacer poltica de alguna manera hoy son la excepcin en el mundo.
En el caso de Cipriani el tema no es que opine en poltica, sino la pugnacidad y la poca mueca con que suele hacerlo. Hace recordar el consejo del jesuita Baltasar Gracin: "No basta la eminencia de prendas, aunque se supone que es fcil ganar el afecto, ganado el concepto. Requirese, pues, para la benevolencia, la beneficencia".
Arana ha visto en las crticas de Cipriani la oportunidad de avanzar su ficha electoral. La respuesta ha sido clsica: solo su obispo en Cajamarca puede llamarle la atencin (de hecho lo hizo en el 2006). Este es un camino que reclama independencia, pero que en la cultura jerrquica de la Iglesia Catlica crea ms problemas que soluciones.
Arana ha puesto en marcha una opcin poltica radical apoyada sobre todo en el dinamismo de los movimientos de protesta frente a las industrias extractivas. No ha querido subirse al carro de Ollanta Humala, al menos hasta el momento. En trminos fros su crecimiento sera un problema para Humala, como el de Edwin Donayre en la derecha.
Pero la preocupacin de Cipriani no parece ser la tctica, sino la autoridad. Quizs un deseo de distraer de su propia aficin al discurso poltico, como qued demostrado en su homila-cum-mensaje a la Nacin del pasado 28. O por ltimo un deseo de apoyar las posiciones de un Alan Garca acosado desde las calles del pas.
Para Arana es la oportunidad de mostrar que tiene algo que decir ms all de la crtica a las empresas infractoras. Sus primeras respuestas no dan la impresin de que est aprovechando esa oportunidad. Ser el rival de Cipriani no le va a producir muchos votos. Ser el rival de Arana no va a ganar muchas almas.
Fuente: La Repblica