
La publicación de estas cifras podrían poner fin a la incertidumbre que rodea a la exposición de los bancos europeos a las deudas griega, española y portuguesa
Con la publicación, este viernes 23 de julio, de las llamadas pruebas de resistencia, a pesar de los regateos de último minuto orquestados por los bancos alemanes en torno a la amplitud de la información a revelar, los bancos europeos deberían hacer de conocimiento público su exposición a las obligaciones soberanas. Estos resultados se esperan a fin de demostrar a los inversores que 91 bancos (sistémicos, ed.) de la Unión Europea, sometidos a la presión de una nueva crisis económica y financiera, pueden responder ante este desafio y que las autoridades podrían ser capaces de resolver los problemas de las instituciones que no pasen las pruebas. El Comité Europeo de Supervisores Bancarios ha solicitado a los bancos que proporcionen toda la información relacionada con sus activos en materia de deuda soberana, dejando sin embargo toda la responsabilidad de la publicación a los bancos y a los supervisores nacionales. La publicación concerniente a estos activos podría poner fin a la incertidumbre que rodea a la exposición de los bancos europeos a las deudas griega, española y portuguesa, tres países a los que hasta el momento les resulta más difícil de convencer de su capacidad de sostener un alto nivel de deuda durante un periodo de bajo crecimiento. Los bancos alemanes, que están entre los mayores poseedores de bonos del Estado griego, fueron los más reacios a proporcionar datos. Ahora estarían prestos a ceder a la presión de otros actores europeos. PREOCUPACIÓN SOBRE LA GRAVEDAD DE LOS RESULTADOSLa confusión en torno a la hora fijada para la publicación de esta “prueba de stress” se ha añadido a semanas de rumores acerca de los balances de los bancos, considerado esto último como un elemento importante en la evaluación de la capacidad de los bancos para sobrevivir ante una nueva crisis económica. Los líderes y banqueros de varios países, entre ellos los de Alemania, Francia, Grecia y Bélgica, han dicho que sus entidades de crédito deberían pasar la prueba, cosa que ha suscitado preocupación por la excesiva indulgencia de las pruebas y su incapacidad, por ende, para tranquilizar a los mercados. Teniendo en cuenta los pocos detalles disponibles sobre el formato de la publicación de estas pruebas y las divisiones que surgieron entre los 27 Estados miembros debido a la cantidad de información que había que revelar, algunos inversionistas estaban preocupados por el hecho de que el examen no sea lo suficientemente severo o suficientemente transparente. Se le pidió a los 91 bancos sometidos a evaluación estimar si su ratio de fondos propios "duros" (1er Tercio) se mantendría por encima del 6% en dos diferentes escenarios, en caso de recaída de la economía, a lo cual se añadiría en el segundo de los casos fuertes pérdidas incurridas en los bonos del Estado. Los establecimientos que no superen el límite deberán anunciar las soluciones que proponen para resolver el problema. PEQUEÑOS ESTABLECIMIENTOS EN DIFICULTAD Algunos inversionistas creen que si el déficit detectado en el sistema no es suficientemente consistente con las expectativas del mercado, y si las medidas de recapitalización no son lo suficientemente generosas, las pruebas de resistencia pueden no ser suficientes a la hora de convencer. El banco esloveno Nova Ljubljanska Banka, este miércoles, fue el primero en anunciar una ampliación de capital en relación con estas pruebas, a pesar de que los analistas esperan que pase el examen, lo que demuestra que es posible que haya recapitalizaciones incluso para las instalaciones que logren superar el 6%. Los grandes establecimientos bancarios cotizados en bolsa, bajo la mirada permanente de los inversores, deberían también pasar la prueba, aunque la principal lección de este acucioso examen a fondo podría ser el hecho de que los mayores problemas se encuentran en las pequeñas entidades, tales como cajas de cajas de ahorro españolas y los bancos regionales alemanes, que, en su mayor parte, no negocian en los mercados.Traducido de Le Monde