Han pasado casi dos años desde que el 15 de agosto de 2007, a las 6 y 40 minutos de la tarde la parte central del Perú se remeció brutalmente. Durante, se calcula, más de tres minutos la tierra se sacudió. La colisión de las placas tectónicas dio una vez más razón de esto frente a las costas de la ciudad de Pisco en la Región de Ica. Yo que me encontraba en Lima en esos momentos, vi, como la gente aterrorizada, corría de un lugar a otro sin saber a donde ir, tratando de huir de lo inevitable.
Pocos minutos después, a buen recaudo, me enteré que este terremoto había destruido la ciudad puerto de Pisco. Y que más del setenta por ciento de casas habían sido barridas por los sacudones que se sucedieron durante el tiempo que duro el terremoto. Con el tiempo, los peruanos conoceríamos el número de muertos y desaparecidos; estos cuyo número ascendió a más de mil, dejó en la desesperanza a miles de familias peruanas.
No tuvo que pasar mucho tiempo, algunas horas tan solo, para que con mi cámara en mano y acompañado de otro periodista, mi buen amigo Israel, fuese a dar a la ciudad de Pisco. Aquí, les entrego unas fotos de aquel entonces. Por lo que se, sabemos, muchas de las cosas, como la comisaría de esa ciudad que fue completamente destruida, siguen en la misma situación en la que las encontré en aquel entonces.
Me siento comprometido con esta ciudad y con las otras que fueron golpeadas. Tengo que decir que las cosas no pueden seguir así. Forsur fue todo un fracaso en su primera etapa, las consecuencias las asume la pobre gente que necesita de ayuda para reconstruir lo que fue destruido y rehacer sanamente sus vidas.
Su amigo:
César Revilla