
La relevancia del escándalo de Tula Benites
En comparación con otros casos de corrupción o intentos de cometerla -como los petroaudios-, el 'problema' de Tula Benites es un asunto de poca monta, con la distancia, digamos, entre un pirañita y el secuestrador 'Momón', pero, al mismo tiempo, constituye un microcosmos del uso del poder para el aprovechamiento particular y del aconchabamiento del ?sistema? para otorgar protecciones indebidas.
En mayo de 2007, el diario en el que trabajaba -Perú.21- reveló que Benites contrató, con recursos de su despacho, a un 'empleado fantasma' con el fin de embolsicarse su sueldo mensual -S/.1,741.66 más S/.500 por refrigero-, para lo cual se quedó con la tarjeta bancaria con la que retiraba el dinero en un cajero de Trujillo. El dato lo trajo el propio 'fantasma', molesto porque Benites le había incumplido unos pagos.
El primero en defenderla en público, en la misma mañana de publicada la denuncia, fue el presidente Alan García, pero no fue el único de la maquinaria que quiso rescatarla. El congresista José Carrasco Távara hizo lo imposible para que no sesionara la comisión que vería el caso; el despacho del entonces premier Jorge del Castillo le pactaba entrevistas amañadas en el 'Panorama' de Genaro Delgado Parker; el hoy premier Javier Velásquez Quesquén hacía malabares al contar los días para que, tras la primera suspensión, Benites regresara más rápido al hemiciclo; y el hoy ministro de Justicia Aurelio Pastor se fajaba en su defensa en las entrevistas radiales.
Sin embargo, la contundencia de las pruebas impidió el salvataje y Benites fue desaforada a pesar de que, en la primera votación, el Apra negoció su permanencia. Pero el escándalo fue tan grande que tuvo que volver a votar para botarla.
El 'sistema' siguió tratando de salvar a esta sobrina del ex presidente de la Corte Suprema Walter Vásquez Bejarano y, entonces, una Sala Penal Especial de la Corte Suprema le archivó dos de los tres delitos por los que era procesada.
Así iban las cosas hasta que, el lunes pasado, El Comercio reveló que, a pesar de que Benites había sido desaforada, seguía gozando en Trujillo de la protección diaria de policías. La respuesta de la ex congresista a dicho medio es penosa porque la pinta de cuerpo entero como una tremenda farsante.
Aunque el monto de este caso de corrupción es insignificante, el pacto infame en torno a Tula Benites entre sectores del Congreso, del Poder Ejecutivo, de la Policía, del Poder Judicial y de ciertos medios, constituye un escándalo que solo puede ser derrotado con una alianza entre la prensa independiente y la opinión pública, usando toda la fuerza de la indignación ciudadana en contra de estos aprovechados del 'sistema'.
Por: Augusto Álvarez Rodrich
Fuente: La República