
El retiro de RocaAgenda Política Expreso26 de julio de 2010
La medida adoptada unánimemente por la dirección política del PAP que obliga a Carlos Roca, candidato a la alcaldía de Lima, retirarse de la campaña electoral, constituye una secuela bastante incómoda de los desajustes internos que padece tal organización desde su último Congreso Nacional Ordinario de marzo pasado. También exhibe otros vértices relativos a las estrategias que, en el futuro, deberá trazarse el viejo partido de Haya de la Torre cuando culmine el segundo gobierno de Alan García. Como se recuerda, el XXIII Congreso no sólo abrió la venas apristas a los ojos ciudadanos en sus pugnas ásperas y a veces exuberantes, sino que consolidó un reacomodo generacional exigido por García y otros líderes. Fue el escenario que permitió arribar a Omar Quesada, Javier Morán, Carlos Arana, Nidia Vílchez y Javier Barreda a los más elevados estamentos partidarios, bajo la bandera de “los cuarentones”. En ese cuadro, quedó incólume la figura del ex premier Jorge del Castillo quien bordeando las seis décadas de vida fue consagrado como Secretario General Político. Sin embargo, una variedad de denuncias mediáticas obligaron a Del Castillo y Quesada a dejar sus puestos partidarios, creando otro espacio de confusión. Cuando se pensaba que ambos retornarían juntos a la conducción del PAP una vez finalizadas todas las investigaciones judiciales y parlamentarias – y mediante conclusiones favorables a ellos, por supuesto – como también las campañas regional y municipal con miras a las elecciones de octubre, Quesada adelantó solo ese regreso. Por lo visto, su gestión hasta la fecha no le ha dado singularidad alguna al movimiento aprista. Previo a ello y con más entusiasmo que realismo, se lanzó la candidatura de Roca. Un handicap enorme aún para los pocos aspirantes ediles distritales del PAP con opción de triunfo que – como el caso del actual alcalde de Breña – veían mermadas sus posibilidades debido al efecto de arrastre cuesta abajo del postulante metropolitano. El problema para el aprismo no es una derrota en Lima sino una debacle. Los bajos índices en las encuestas revela además que los apristas no han fidelizado todavía, ante los ojos del electorado, los logros tangibles del gobierno. Ese divorcio pasa la factura y urge revisarlo con especial atención. Así mismo, debe considerarse que dentro de un año el presidente García retomará un papel activo en la dirección del PAP y necesitará una plataforma partidaria solvente, moderna, menos burocratizada y sin muchos pasivos de derrotas electorales que siempre son desalentadores. El retiro de Roca es doloroso pero necesario para los apristas. Así debe entenderlo el mismo candidato cuyas capacidades, decencia y honorabilidad nunca estarán melladas por este episodio.