
Tenía que llegar a la cita con Francisco y, caramba, este tráfico. Autos, micros, ticos, camiones, camionetas, bicicletas, triciclos, patines, peatones, pedigüeños, todos mezclados, junto conmigo, en una zona de la ciudad que dentro de un par horas estará silenciosa, presta solo Dios sabe para qué. A lo menos en la zona de Lince.
Digo esto porque hace unos días, los amigos de lo ajeno, se llevaron, no sabemos aun donde ni cómo ni por qué ni con qué oscuros fines, el Toyota Tercell de nuestra queridísima amiga Patricia. Patty fue sorprendida un poco pasado el mediodía de un jueves, si no me equivoco, cuando al salir a la calle vio que en el lugar donde se encontraba su coche estaba vacío.
Ahí comenzó su calvario. Visita a la Comisaria de Lince, llamadas de teléfonos, esfuerzos por apadrinarse en este tipo de situaciones, no sabemos con qué éxito, en fin, Patricia nos muestra involuntariamente algo de lo mucho que puede sucederle a alguien durante el día en esta parte de Lima. Ya ven.
Ahora, habiendo dicho esto, de noche no quiero ni imaginar, ya con una cantidad importante de smog en los pulmones y después de haber sido sometido a una paliza sonora de todo tipo. La única diferencia con Patty es que yo no tengo auto que me roben. Deséenme pues suerte en mi corta estadía en las tenebrosas calles de Lince
Cristian