
El agua constituye un elemento imprescindible para la vida. Tan sólo el cuerpo humano está compuesto en un 65% por este vital líquido y está presente en las células, sistemas, órganos y tejidos; apoyando e impulsando el funcionamiento integral del cuerpo.
Es indispensable contar con niveles adecuados de hidratación para facilitar las funciones vitales, entre ellas, la protección que brinda la piel al resto del cuerpo, órgano que se compone en un 70% por agua.
La hidratación es más que el consumo de agua, este término se refiere al equilibrio entre líquidos (agua) y electrolitos (sales minerales como calcio, sodio, fósforo y cloro) que ayudan a conservar los niveles de humedad de la piel y el organismo; además de administrar los líquidos que el cuerpo necesita.
Busca el equilibrioPara que las funciones del cuerpo se desarrollen de manera adecuada, es importante que exista un equilibrio hidro-electrolítico, es decir, que la cantidad de agua que se ingiere sea equivalente a la cantidad de agua que se desecha. Este equilibrio es de suma importancia, ya que permite realizar diversas funciones básicas como la circulación, la digestión, el sistema renal, entre muchas otras.
La hidratación interviene en dos grandes rubros, a nivel externo permite lucir una piel fresca, juvenil y radiante, ayudando a disminuir los signos visibles del envejecimiento. A nivel celular se destaca el transporte de nutrientes y desechos, regulación de la temperatura, mantenimiento de la estructura de los tejidos y ayuda directamente en las funciones celulares.
A nivel digestivo, permite realizar la digestión y expulsión de los alimentos. El agua junto con la fibra ayuda a realizar los movimientos peristálticos que permiten una adecuada absorción y desecho de alimentos que evitan la presencia de enfermedades comunes como estreñimiento, diverticulitis y colon inflamado.
Por otro lado, el agua permite expulsar los desechos tóxicos como el exceso de calcio, cuya acumulación en el organismo puede provocar la aparición de cálculos renales y o piedras en el riñón; por lo cual, es necesario beber suficiente agua para ayudar al riñón a expulsar estas sustancias. La dosis recomendada son dos litros y medio.
Es primordial destacar la importancia y relación del consumo de agua con el sistema circulatorio, pues ayuda a distribuir el oxigeno y los nutrientes a las todas las células a través de la corriente sanguínea, que es 90% agua.
Esencial para la saludLas células precisan del agua para tener una estructura determinada. De esta manera podemos decir que este elemento configura la forma de los órganos. Necesitamos una hidratación adecuada para mantener el organismo perfectamente equilibrado; sin embargo, a medida de que envejecemos se produce una pérdida de agua, consecuencia de una menor capacidad para mantener el equilibrio hidro-electrolítico.
Un mal estado de hidratación provoca la aparición de síntomas como boca seca, caries, visión borrosa, lesiones en las mucosas, piel seca y mayor envejecimiento de ésta. También provoca fatiga, cansancio, falta de atención y concentración, mal humor e irritabilidad. Estados severos y prolongados de desequilibrio hidro-electrolítico pueden ser causa de enfermedades graves como daño a órganos vitales, como falla renal, colapso vascular e incluso muerte.
Finalmente el equilibrio hidro-electrolítico tiene una acción lubricante. Los tejidos, articulaciones, venas y arterias requieren de este equilibrio que evite el roce y resequedad. Es así que los ojos requieren estar constantemente húmedos, así como la lengua, evitando síndromes como el de Sjorgen, que se caracteriza por afectar las glándulas exocrinas que conduce a la aparición de síntomas de resequedad en órganos como lengua, ojos, nariz, entre otros.
En relación al cuidado de la piel, la hidratación juega un papel preponderante. Cabe destacar que la piel es 70% agua y a lo largo del tiempo la dermis pierde su capacidad de absorción de nutrientes, debido principalmente al ataque de los radicales libres, ya sea por acciones internas propias del envejecimiento, como por factores externos.
Un factor de protecciónSiendo la piel el órgano protector más importante del cuerpo, es primordial que los niveles de hidratación sean adecuados para mantener el buen funcionamiento del organismo. Una piel bien hidratada preserva su factor natural de humectación en niveles óptimos lo que se refleja en una capacidad mayor de defenderse ante agresiones externas.
Una piel sana evita la pérdida de líquidos corporales a través de la transpiración y es más efectiva en regular la temperatura corporal. De igual manera ayuda a evitar enfermedades cutáneas como las dermatitis, infecciones, xerosis (resequedad) y prurito (comezón). En cuanto a la apariencia, reduce los cambios visibles del envejecimiento cutáneo como manchas, líneas de expresión, flacidez y resequedad.
Para mantener una adecuada hidratación y nivel hidro-electrolítico, es importante contar con una alimentación adecuada que incluya verduras y frutas, leguminosas, cereales, proteínas de preferencia vegetales y una rutina de ejercicio de 20 minutos mínimo cuatro veces a la semana, así como una vida saludable libre de tabaco y alcohol, lo anterior permite disminuir los efectos de los radicales libres en el organismo y así evitar la deshidratación. Además, gracias a su acción barrera, la piel es la responsable de proteger a todos los órganos de las agresiones externas, por lo que una piel hidratada y saludable permitirá el adecuado funcionamiento del cuerpo.
La deshidratación de la dermis es una consecuencia natural del paso del tiempo, por ello, a partir de los 30´s se recomienda poner más atención en la rutina diaria de salud.
Al interior la estructura de soporte esencial de la piel comienza a romperse, las fibras de colágeno y elastina disminuyen perdiendo firmeza y elasticidad, sumado a eso las agresiones externas como el tabaco, la contaminación, la exposición solar y el estrés emocional generan radicales libres que atacan nuestras células provocando entre otros factores que nuestra piel pierda sus niveles de hidratación.
Funciones básicasDe forma natural, la piel dispone de sus propios mecanismos para mantener su hidratación, asegurar su buen estado y crear una barrera de protección frente a las agresiones externas y los agentes patógenos.
El “manto hidrolipídico” es la película protectora, formada entre otras sustancias por agua y lípidos, que frena la evaporación de la humedad, protege de las de agresiones externas y mantiene el pH de la piel dentro de los límites idóneos para evitar infecciones. Las radiaciones solares, el paso del tiempo, la insuficiente ingesta de líquidos y otros muchos factores como el estrés, el tabaco, el alcohol, la mala alimentación, etc. dañan esa capacidad natural para mantenerse hidratada.
Se sabe que para mantener una adecuada hidratación y función de la piel no basta con administrar agua ni sólo ingerir líquidos, se requiere mantener un equilibrio y una fuente adecuada de nutrientes y sustancias que liguen moléculas de agua y preserven una estructura cutánea sana y bien hidratada.
Existen estudios que asocian importantes efectos benéficos en mantener la estructura de la piel tanto sus constituyentes en la dermis y matrix extracelular como en la hidratación y antioxidación celular. Estos nutrientes y antioxidantes se engloban principalmente en las proteínas y polipéptidos, extractos de soya, tomate, uva, te blanco, derivados de la vitamina C y E y zinc.
Éstos actúan estimulando los fibroblastos para la producción de proteoglicanos como el ácido hialurónico responsable de la hidratación de la piel ya que es una molécula que retiene grandes cantidades de agua, también estimulan la producción de fibras colágenas y elásticas que dan la firmeza y sostén a la piel permitiendo una apariencia saludable y bella.
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