
La votación parlamentaria de la moción de censura contra el subsecretario de Justicia, Giacomo Caliendo, pondrá a prueba la estabilidad del gobierno italiano tras la ruptura con el presidente del Congreso. Berlusconi amenaza con convocar elecciones al primer revés parlamentario. El grupo de disidentes optará por la abstención.
A partir de hoy cada votación en el Parlamento será un test de estrés para el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi. La votación en el Congreso de la moción de censura contra el subsecretario de Justicia, Giacomo Caliendo, acusado por los fiscales italianos de pertenecer a la trama corrupta P3, será la primera ocasión para ver en qué estado queda la estabilidad de su mayoría tras la escisión de los 33 diputados de su partido, Pueblo de la Libertad (PDL), después de que el pasado jueves Il Cavaliere expulsará de sus filas al presidente del Congreso, Gianfraco Fini. Nadie sabe a ciencia cierta qué buscó Berlusconi al expulsar a Fini que, pese a enfrentarse abiertamente a él, le aseguraba una postura cómoda en el gobierno. Berlusconi ha tenido que rebajar algunas de sus iniciativas ante la oposición de los finistas, como la llamada Ley Mordaza, por lo que hay quien especula con la posibilidad de que busque renovar su mayoría en las urnas ahora que la oposición está de capa caída y Fini, que le disputará el electorado de la derecha, escasamente organizado. Los primeros movimientos del gobierno han dado carnaza a esa teoría. La primera declaración de Il Cavaliere ha marcado el camino: “Al primer accidente –léase accidente como perder una votación- se disuelven las Cámaras y se vuelve a votar”. Primer aviso. Hoy mismo, el ministro de Interior italiano, Roberto Maroni, ha vuelto a apuntar en esa dirección, afirmando en Corriere Della Sera “que se puede ir a las urnas en octubre o noviembre” si se cumple la premisa. Segundo aviso. Al ritmo que evoluciona esa premisa puede que no haya espacio para una tercera advertencia...
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