
Quiero sumarme a las reflexiones de Hugo Guerra Arteaga quien a través de su columna semanal en el diario El Comercio, reclamó ayer contra los “líos artificiales” creados en torno al alejamiento de Augusto Álvarez Rodrich de la dirección de Perú 21. Y lo hago sobre la base de abundar en el reconocimiento a las calidades profesionales de Augusto y a la identidad que supo imprimirle a ese diario. Recordando también –sólo al paso– que por su convocatoria tuve la fortuna de escribir en sus páginas durante la etapa inicial, suspendiendo mis entregas por un compromiso antelado con otro periódico. Resulta un exceso de paranoia ingresar la cuña del maltrato a la libertad de expresión a las determinaciones –buenas, regulares, malas– del conjunto directivo de una empresa editora que, imbuido de una óptica distinta a la de sus predecesores, cancela los servicios de un periodista. Si ese fuera el caso para rasgar tantas vestiduras, quienes hemos circulado por tantos medios confrontando algunas veces la opinión de los propietarios resultaríamos héroes silenciosos en pos de una merecida reivindicación. Paco Igartua nos decía en OIGA que por ese motivo se había hecho periodista-empresario de su propio medio. Lo mismo puede afirmarse de los Zileri en relación a CARETAS. Una vez Igartua se negó a publicar un artículo de su colaborador, Federico Salazar, aduciendo que hacía apología del uso de las drogas (en realidad, Federico defendía la libertad de quienes deseaban consumirlas) y sentó cátedra sobre su derecho de director a tomar esa polémica decisión. Más pueril resulta involucrar al gobierno en esos ajustes internos del grupo El Comercio. En el caso de los llamados “petroaudios”, Álvarez Rodrich opinó que el presidente Alan García no está comprometido para nada en ello. Del mismo García –y esto lo han contado personas allegadas al ex director de Perú 21– recibió palabras de elogio ante el rey Juan Carlos de España hace dos semanas, como el periodista más inteligente y preparado de la prensa opositora. Por último si el objetivo hubiera sido ablandar los arrestos críticos que tenía Perú 21 para con el Ejecutivo, sus sucesores (formados en igual fragua y que no merecen el ninguneo de tanto alharaquiento) demuestran lo contrario. El periódico numérico sale últimamente tan burlón y radical con el oficialismo que más de un ministro debe estar extrañando a su fundador. cesarcamposlima@yahoo.com