
Álvaro Uribe deja el poder tras ocho años de mandato plagados de escándalos, lo que no ha mermado su altísima popularidad. Una abrumadora mayoría de colombianos lo ve como el hombre que pacificó el país. Su sucesor prometió dar continuidad a su política de “seguridad democrática”.“Mano dura” y “Colombia sin guerrilla y sin paramilitares”. Estas frases dieron el tono, hace ocho años, de lo que sería una de las prioridades del mandato de Álvaro Uribe: hacer de Colombia un país seguro. De hecho, su victoria en las elecciones de 2002 encontraba su explicación en aquella promesa de Uribe de derrotar militarmente a las guerrillas, en un país azotado por la violencia de un conflicto interno armado, donde los habitantes desertaban las carreteras por temor de ser secuestrados.
En aquella época, en Colombia había casi 29.000 homicidios al año, siete secuestros al día y tanto la guerrilla de izquierda como los paramilitares de extrema derecha estaban fortalecidos.
Uno de los principales logros de los años Uribe, ha sido la recuperación de la seguridad, y según todos los sondeos éste es uno de los ingredientes que explican su alta popularidad. Ocho años más tarde, siguen habiendo homicidios, masacres, secuestros, asaltos a pueblos y ataques con explosivos. Pero la población percibe un país más seguro debido a una notable disminución de estos crímenes, lo que ha provocado una cierta mejoría económica.
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Parte de su estrategia consistió en convertirse en el principal aliado de Estados Unidos en la región, poniendo en marcha el Plan Colombia - especie de Plan Marshall pactado por Andrés Pastrana para la lucha contra el narcotráfico – lo que le aseguró una importante ayuda financiera por parte de Washington. Así mismo, empleó toda la maquinaria militar, aumentó el número de efectivos de las fuerzas armadas, el presupuesto militar y ordenó una ofensiva contra la guerrilla izquierdista , hasta obligarla a un repliegue estratégico hacia las zonas más apartadas y selváticas.