
La economía creció de media un 5% cada año, rebajó la inflación del 7% al 2% y se incrementaron las exportaciones en 30.000 millones: 20 millones de pobres no encontraron consuelo en estos datos.
Los ocho años de gestión económica del presidente colombiano, Álvaro Uribe, se han caracterizado por la profunda contradicción entre la imponente evolución de los datos macroeconómicos y el escaso impacto que esa reluciente evolución ha tenido en aquello que llaman economía real, especialmente a lo que se refiere a la reducción de la pobreza. El presidente Uribe heredó en 2002 una maquinaria económica anquilosada y perezosa, que movía el motor del país con crecimientos anuales del Producto Interior Bruto (PIB) en torno al 2%. La gestión de Uribe limpió esos goznes y puso a la economía colombiana a funcionar a un crecimiento medio superior al 4%, que hubiera sido mucho mayor si el final de su mandato no se hubiera visto influido por la Gran Recesión acaecida en el mundo desde 2008. Así, el PIB colombiano consiguió picos de crecimiento del 3,9% en 2003, 5,3% en 2004, y así sucesivamente hasta lograr la cima del mandato de Uribe: un 7,1% en 2006. Su estrategia estuvo marcada por dos pilares: ser un país atractivo para los inversores y flexibilizar las condiciones de contratación para las empresas. La inseguridad en Colombia en 2002, fruto de la violencia de los narcos y la guerrilla de las FARC, dificultaban sobremanera la inversión en el país. Uribe puso cerco de manera polémica, pero eficiente, a la inseguridad. Su éxito en esa materia fue acompañada por una política de exenciones fiscales, rebajas impositivas y seguridad jurídica para los inversores. Así la inversión extranjera en el país alcanza los 10.000 millones de dólares con Uribe, el doble que a su llegada...Leer más en rfi