
La historia que no fueLuis Banchero Rossi cumple hoy 80 años
Una ficción acerca de qué habría pasado con la cultura empresarial peruana si el gran magnate no hubiera muerto el año nuevo de 1972
Por Daniel CórdovaPresidente del Grupo Invertir
Lima, 11 de octubre del 2009. El día de ayer, sábado 10 de octubre, el magnate Luis Banchero Rossi recibió su cumpleaños número 80, rodeado de su familia y principales amigos, así como de lo más selecto de la clase política y empresarial del país. El evento, que tuvo lugar en el hotel Marriott de Miraflores, fue en sí mismo un homenaje al aporte de Banchero al Perú en lo campos empresarial, deportivo, periodístico y político, pero sobre todo a su reciente incursión en la promoción de la educación, el arte y la cultura peruana.
El menú estuvo a cargo de la décima promoción de la prestigiosa Escuela de Gastronomía “Perú Gourmet”, que fundara Banchero en 1998, bajo la dirección del chef y director de la Escuela, Gastón Acurio. La decoración y el espectáculo estuvieron a cargo de artistas hoy consagrados y promocionados por la Fundación Luis Banchero Rossi, entre los que destacan el pintor Piero Quijano –venido especialmente de París para la cita– y el famoso rockero Pedro Suárez Vértiz, radicado en Nueva York desde que conquistara el mercado estadounidense. Al cierre de la cena, se proyectó un cortometraje sobre su vida, realizado por la recientemente premiada cineasta Claudia Llosa, otra becaria de su Fundación. Después del emotivo discurso de Banchero, empezó la fiesta, la cual fue animada por Suárez Vértiz, y los famosos grupos Bareto y Grupo 5, ambos recientemente acogidos por la Fundación Banchero, a fin de proyectarlos internacionalmente.Asesinato frustrado
La parte más emotiva del discurso de Banchero fue cuando recordó el día en que miembros de seguridad del Estado del régimen de Juan Velasco Alvarado intentaron asesinarlo en su casa de Chaclacayo. Como se recordará, cuando empezaba 1972, Banchero y su secretaria Eugenia Sessarego fueron atacados por dichos comandos, en complicidad con el hijo de su jardinero, Juan Vilca. Fue un golpe de suerte que el ya magnate peruano, de aún 42 años de edad, no perdiera la vida. Y es que en el momento de la incursión de los mencionados comandos, Banchero –quien se sentía amenazado por el régimen militar socialista de la época– estaba encerrado en su habitación, limpiando su revólver 38 Smith & Wesson después de haber tomado una ducha. Ante la inminente amenaza, Banchero pudo ultimar a dos de sus agresores, pero no pudo evitar que en el tiroteo pierdan la vida, además de los comandos, la Sessarego y el muchacho Vilca. Lo que siguió, dijo ayer Banchero, “fueron los 30 días más difíciles de mi vida, pues estaba seguro de que el gobierno quería matarme y tuve que permanecer escondido en un depósito de una casa vecina pudiendo solo beber agua de un arroyo por la noche; de hecho perdí 30 kilos, uno por día. Pero dejé de ser gordo desde ese momento”, dijo don Lucho, sin perder el sentido del humor.Como se sabe, después de 30 días escondido, la familia de Banchero y la opinión pública en general consideraban que había sido secuestrado por delincuentes comunes que buscaban hacerse de algunos millones a cambio de su liberación. Sin embargo, a medida de que nadie había contactado con su entorno ni se había recibido señal alguna de su paradero, empezaban a circular rumores sobre un asesinato seguido de la desaparición del cadáver. Felizmente, cuando se habían cumplido 32 días del ataque, Banchero decidió salir de su refugio. Apareció en una famosa pizzería de Chaclacayo, propiedad de un amigo ítalo-tacneño suyo que lo acogió con los brazos abiertos: “Nunca una pizza me supo tan bien”, contó Banchero en la conferencia de prensa del 14 de febrero de 1972, que el gobierno militar no pudo evitar. Como tampoco pudo evitar que cuatro años más tarde, ya bajo el gobierno del presidente Morales Bermúdez, se descubriera que había sido un joven capitán del ejército, apellidado Montesinos y supuesto espía bajo órdenes de la KGB, quien había dirigido el intento de asesinato. Éste, en caso de haber tenido éxito, nos hubiese privado muy pronto de uno de los más grandes peruanos del siglo XX (según una reciente publicación de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas).Hamburgo y LondresComo muchos de sus amigos (Manuel Ulloa y Pedro Pablo Kuczynski, entre otros), Luis Banchero Rossi tuvo que dejar el Perú debido a la radicalización del tristemente célebre “Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas”, a inicios de los años setenta. Debilitado por la traumática experiencia del intento de secuestro y cautiverio, Banchero no pudo evitar la presión para entregar a los trabajadores la propiedad de sus empresas pesqueras. Corría 1973. El ex canciller y hombre fuerte de Velasco, general Edgardo Mercado Jarrín, confesaría luego en una entrevista que “(…) se tenía previsto estatizar la pesca y formar una empresa llamada Pesca Perú, pero ante la imagen de un Banchero agredido, se tuvo que optar por la forma de una cooperativa, la famosa Cooperativa de Empleados y Obreros Pesqueros del Perú (Ceopesca)…”. La cooperativa muy pronto quebraría y se mantendría como un cementerio de chatarra hasta mediados de los años ochenta, cuando Banchero empezó a recuperar embarcación tras embarcación sigilosamente –de la mano con su socio pesquero y gerente general, el hábil empresario Isaac Galsky–.Cuando Banchero se ve obligado a entregar a la cooperativa sus empresas pesqueras y Velasco expropia la prensa (los diarios Correo y Ojo, de su propiedad, entre ellos), ya había previsto instalarse en Hamburgo. Allí montaría progresivamente una empresa comercializadora de Harina de Pescado, la Peru Fishing Company. Inicialmente, en la medida en que el empresario se beneficiaba de la lealtad de sus principales trabajadores, Banchero pudo hacer negocio con sus empresas expropiadas. Pero sólo bastaron unos meses para que los militares las coparan a través de “técnicos” impuestos por Sinamos. Lo que siguió en el Perú es historia conocida: el recurso pesquero, depredado, desapareció y Ceopesca cesó operaciones. Pero como suele suceder con los empresarios de fuste, este golpe fue una bendición para Banchero, quien gracias a sus contactos en Centromín Perú pudo incursionar, ya desde Londres, en la comercialización de metales.Cuando en 1980 la democracia retorna al Perú, con la elección de Fernando Belaunde Terry a la presidencia de la República, Banchero había logrado una segunda fortuna, casi toda acumulada a través de Peru Mining Trade.Primer retorno al PerúLuis Banchero Rossi retornó por primera vez al Perú al iniciarse el segundo gobierno de Belaunde. No participó en dicha campaña electoral por simple falta de tiempo, aunque se mantenía informado por sus sobrinos Luis y Enrique Agois de todo lo que ocurría en materia política y económica en el país. Es sólo cuando se entera que Belaunde había decidido devolver la prensa a sus propietarios expropiados que Banchero regresa entusiasta al Perú, ya con 51 años cumplidos.El empresario había cambiado su visión del mundo durante sus casi 10 años de exilio. Se había decepcionado de algunas ideas en las que alguna vez creyó, como aquella de la necesidad de que el Estado proteja la industria nacional frente a la extranjera. Al regresar, y después de conversar con su amigo Manuel Ulloa, quien fuera primer ministro de Belaunde, quedó convencido de que el Perú iba a retomar el camino del desarrollo que había abandonado a finales de los años sesenta. Estaba seguro de que a la devolución de la prensa iban a seguirla las devoluciones de haciendas y empresas pesqueras, mineras, industriales y comerciales expropiadas. Y que la reducción de aranceles iba en la dirección de las reformas que ya se habían tomado en Chile años antes y que estaban dando sus primeros resultados en términos de estabilización macroeconómica y crecimiento.Lamentablemente, una vez más, el optimismo de Banchero se topó frente a la cruda realidad. En 1983, el Perú sufrió un violento Fenómeno de El Niño y la economía, sin reforma alguna de por medio –esto es manteniendo la estructura de una economía estatizada heredada del velascato–, ingresó a un proceso de declive que sólo terminaría casi 10 años después. Sin la esperanza de recuperar sus activos pesqueros y en un entorno de inflación galopante y recesión, no era posible para Banchero hacer negocios en serio en el Perú. No fue esto último, sin embargo, lo determinante para que se decidiera por un segundo exilio. Lo fue la amenaza de secuestro que sufrió en carne propia hacia 1984, por terroristas del entonces incipiente y desconocido Movimiento Revolucionario Tupac Amaru. El trauma de los eventos de Chaclacayo y la ausencia de perspectiva económica fueron suficientes para que Banchero emigrara una vez más a Londres. Sus años intermitentes en el Perú (iba y venía de Europa todos los meses), le habían dejado sin embargo un activo que luego sería crucial para su retorno definitivo al Perú: su amistad con empresarios con los que asociaría, como don Alberto Benavides y Carlos Rodríguez Pastor.Su incursión en políticaSus años en Europa, cuando el primer gobierno de Alan García, entre 1985 y 1990, son descritos por Banchero como una etapa de “melancolía y frustración”. Por su negocio de comercialización de metales, que había llegado a tal tamaño que había logrado constituirse de los activos dejados por el famoso trader Marc Rich (quien fugara a Estados Unidos en 1983 debido a un escándalo de evasión de impuestos), Luis Banchero Rossi tenía mucho contacto con empresarios chilenos. Esta conexión le permitía ver cómo el Perú se hundía en la recesión, hiperinflación, terrorismo y corrupción aprista; mientras que Chile crecía, se abría al mundo y se dirigía hacia el final del régimen dictatorial de Pinochet. Esta situación hacía que Banchero no pensara en volver al Perú y que en algún momento considerara que el exilio se iba a convertir en definitivo. Pero cuando el 28 de julio de 1987, el entonces joven presidente Alan García anunció la estatización de la banca y las compañías de Seguros, y cuando semanas después una multitud encabezada por Mario Vargas Llosa anunciaba el surgimiento de una real oposición al statu quo posmilitar en el Perú, Banchero decidió retornar y apoyar al Movimiento Libertad, encabezado por nuestro laureado escritor.En la campaña del Fredemo, Luis Banchero Rossi no quiso ser candidato a nada. Sólo quiso apoyar haciendo lo que mejor sabía: organizando y consiguiendo dinero para la campaña. Lo motivaba su amor por el Perú y su amistad con Vargas Llosa, a quien había conocido en Londres años antes y frecuentaba con regularidad desde que fueron presentados por el pintor Fernando de Szyszlo. Lamentablemente, el Fredemo y Vargas Llosa perdieron la elección frente a un desconocido Alberto Fujimori, quien recibió el decidido apoyo del Apra.A pesar de la derrota, sin embargo, Banchero decidió quedarse y apoyar el cambio que buscaba el flamante gobierno de Fujimori. Cosa que hizo hasta el 5 de abril de 1992, día del famoso “autogolpe”. Junto con su amigo Vargas Llosa, Banchero, a diferencia de la mayoría de empresarios peruanos, decidió manifestar abiertamente su incomodidad frente a lo ocurrido. No obstante, cuando se convoca al Congreso Constituyente, se soluciona el impasse con la OEA, y se constata que el Perú empezaba a mejorar a raíz de la derrota de la inflación y la nueva inserción en la economía global, Luis Banchero decide dedicarse, como siempre, a hacer empresa en el Perú y se retira definitivamente de la política.Retorno definitivo al PerúComo se señaló, Banchero decidió retornar al Perú definitivamente durante los años de la campaña para las elecciones de 1990. Las compras anónimas de embarcaciones rematadas por bancos le permitían ir pensando en regresar a la pesca (tenía fe en aprovechar las privatizaciones anunciadas por Vargas Llosa en su plan de gobierno). Pero la visión que desde fuera había desarrollado sobre el Perú le había hecho ver el potencial de riqueza aún no explotada empresarialmente. En particular, Banchero vio antes que nadie el potencial de nuestra gastronomía, del pisco, de nuestra cultura en general; campos en los que, como sabemos, incursionó con particular éxito.El camino del Grupo Banchero hacia la cima corporativa del Perú fue tal vez el más diversificado, junto con el del Grupo Brescia. Pero su proceder fue definitivamente el más abierto a asociaciones estratégicas –Banchero dice que aprendió a asociarse en Europa–. Así, en la actualidad, el grupo es propietario de la empresa pesquera más importante del mundo; le pisa los talones Tecnológica de Alimentos, del Grupo Brescia. Además, en sociedad con Benavides, posee el grupo minero más importante de América del Sur, habiendo sumado al negocio aurífero, la mayor parte de la minería polimetálica del medio. Es presidente honorario y accionista principal del Grupo Interbank, hoy dirigido por su “sobrino” Carlos Rodríguez Pastor Jr. En el 2003 logró, de la mano de su amigo José Graña y su sobrino Luis Agois Banchero, la fusión del Grupo El Comercio con el Grupo Epensa, formando el grupo de medios más importante del Perú y segundo de América del Sur, después de la adquisición de RPP Noticias al Grupo Delgado Parker. El Grupo Banchero es, además, el más grande en agroexportación, habiéndose iniciado con la exportación de espárragos, y luego diversificado a la caña de azúcar y algodón.Proyección socialLos amigos de Banchero que se reunieron ayer en el Marriott para homenajearlo destacan sin duda su visión empresarial. Pero todos fueron claros en destacar su sensibilidad social y apertura a la cultura, cosa que lo distingue de los demás grupos económicos. La Escuela de Gastronomía, que fundó junto con Raúl Diez Canseco, ha acelerado la internacionalización de la comida peruana. Su marca de comida rápida “Perú Gourmet” está disputándole negocios a McDonald’s y Burger King en América Latina, así como en los países asiáticos abiertos a los sabores fuertes de nuestra cocina. Su pisco “Tacna” ha ganado el primer lugar hasta en el mercado chileno –abierto a nuestro pisco gracias a una campaña lanzada por Banchero con sus amigos chilenos–.La Fundación Luis Banchero Rossi ha promovido la internacionalización de más de 50 artistas peruanos otorgándoles becas y financiándoles costos de producción, y logrando increíblemente recuperar dichas inversiones (por ejemplo, la última pintura de Quijano se vendió en Nueva York en US$150,000; y el pintor destina por contrato el 20% de dicho monto a la Fundación Banchero).Tal vez, la principal frustración de Banchero se la ha dado el fútbol. A pesar de la satisfacción del título de la Copa Libertadores del Defensor Lima en 1978 (estando Banchero en Hamburgo), las inversiones que ha intentado hacer no han generado los resultados esperados. En fin, así es la realidad nacional.Minutos antes de ingresar al salón principal del Marriott, gracias a la gestión de su asesora Gabriela Chávez, pudimos conversar cinco minutos con Banchero. Le preguntamos qué piensa hacer en los próximos cinco años. Nos respondió sonriendo: “Mi principal reto es lograr un procedimiento que nos permita exportar la anchoveta principalmente procesada y para consumo humano. Además, no me voy a morir hasta ver clasificar al Perú, una vez más, a un mundial de fútbol”. Un optimista crónico, don Lucho.Vía Perú Económico