
Desde hace varios días Moscú luce cubierta por una densa capa de humo que ha obligado a cancelar vuelos internacionales y que se coló a hogares y oficinas, mientras siguen ardiendo los incendios forestales que provocaron la humareda.
La visibilidad en algunas partes de la capital rusa era de unas cuantas decenas de metros por el humo que tiene un olor intenso y provoca tos en las personas. La concentración de contaminantes como el monóxido de carbono era hasta cuatro veces por encima de lo normal, el peor nivel jamás registrado en Moscú.
La visibilidad en las pistas era menor a 400 metros, cuando el promedio es casi del doble, y los controladores de tráfico aéreo ofrecían a los vuelos que llegaban la opción de desviarse a otras terminales cercanas.