
El retiro de la candidatura a la alcaldia de lima de Carlos Roca, cuestiones de forma y de fondo
Hay algo que resulta difícil de entender con respecto a lo que sucedió con el retiro de la candidatura a la Alcaldía de Lima de mi compañero Carlos Roca Cáceres. Como se sabe, esta fue retirada por decisión de la Comisión Política de la organización política del Partido Aprista Peruano que es presidida por Javier Velásquez Quesquén. Al punto. En una reunión que, para empezar, se dice que se llevó a cabo en una oficina de la Presidencia del Consejo de Ministros en el distrito de Miraflores, la Comisión Política del PAP tomó esta trascendental decisión debido a que nuestro venido a menos candidato no levantaba vuelo alguno y no pasaba del 2 por ciento en la preferencia de las encuestas. Sobre esto quiero decir dos cosas. La primera concierne al hecho de que, me corrigen fraternalmente si me equivoco, la Comisión Política del PAP no está habilitada para tomar decisiones, mucho menos las de este tipo. Y que por lo tanto su decisión con respecto al estatus de candidato de Carlos Roca carece de sustento institucional y, por qué no decir, legal. La razón radica en la naturaleza misma de este colegiado partidario: Esta encargado de determinar los lineamientos de la política general del partido, nunca al margen del espíritu de las decisiones que se han tomado en el Congreso Nacional del cual sus nuevos miembros surgieron. Pero nunca tomar decisiones, pues estaría violando la normatividad interna.La segunda, que añade niveles de ilegitimidad a la decisión, tiene que ver con el hecho de que la Comisión Política se reunió en un lugar que no le corresponde. Hay algo que el Presidente de la Comisión Política olvida o quizás desconozca: lo simbólico tiene una importancia mayor en la política. A decir verdad, como en todo ámbito de la vida.En este caso, con la convocatoria de esta reunión, que debió ser meramente de carácter deliberativo, en un lugar ad hoc de Miraflores, se daña la imagen de este colegiado y se distorsiona el significado de los actos que de ahí provienen. Y se envía una pésima señal para el resto de organizaciones políticas en nuestro país. Y esto no es una cuestión de juego. En conclusión, lo correcto era que se lleve a cabo una reunión de la Comisión Política en la que se hubiera deliberado sobre la suerte de la candidatura de Carlos Roca en el local de Alfonso Ugarte o en cualquier otro de índole partidaria. Todo lo contrario a lo que sucedió.Si mi compañero Carlos Roca desea hacer algo por el APRA, debería poner los puntos sobre las íes y llamar a las cosas por su nombre. Caso contrario, como es en la realidad, daña, además de su imagen, al partido y al final a la democracia de nuestro país. Esto, dejando en claro que su candidatura era electoralmente insostenible y políticamente inviable. EL CAMINANTE