
Justin Bieber es muy amado, pero también muy odiado. Su carita angelical de eterno niño inverbe de 12 añitos (¡que ya son 16!) y su flequillo siempre intacto dan un poco de rabia, la verdad.
A mí me es completamente indiferente y, es más, entiendo que ante la sequía teen que impera en el universo Pop, Justin sea el semidios y el príncipe azul de miles de adolescentes. Pero, de igual modo, entiendo que sea el oso de peluche que rebanar para tantos otros detractores.
El caso es que durante un concierto, Justin se está dando un baño de multitudes ante sus fans cuando de repente... ¡Zas! Botellazo al canto. Menos mal que el chico tiene buenos reflejos porque si no... le hubiera partido la cara .