
Llamados “centros de consumo supervisado”, “centros de inyección supervisados” o “salas de consumo de bajo riesgo”, estos lugares reciben a los consumidores de drogas duras, bajo la supervisión de personal calificado. Este tipo de establecimiento existe en 45 ciudades en Europa, América y Oceanía. Estudios han permitido demostrar que estos centros reducen las infecciones y la mortalidad en casos de sobredosis. El Primer ministro francés François Fillon juzgó "inutil" e "indeseado" la instalación de estos centros en Francia.
Concretamente, se trata de locales donde los consumidores pueden drogarse en buenas condiciones de higiene y sin molestar a los habitantes de las ciudades donde están instalados.
El funcionamiento está bien reglamentado: los debutantes o menores no son aceptados y el comercio está estrictamente prohibido. Los utilizadores de este tipo de centros llegan con la droga ya comprada (heroína, cocaína, crack, medicamentos), y el personal -médicos, psiquiatras, enfermeras, asistentes sociales, educadores- tiene prohibido ayudar a administrar las drogas, aunque observan las prácticas de forma de controlarlas. Estos profesionales pueden dispensar consejos para promover comportamientos para prevenir las sobredosis, el contagio de enfermedades como el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) o la hepatitis, pero también la formación de abscesos o quemaduras.
Los consumidores tienen a su disposición material limpio como seringas, pipas, cucharas, algodones, alcohol, desinfectante, agua esterilizada, y otros utensilios para consumir droga inyectada o fumada.
Estos espacios permiten también a los consumidores disfrutar de instalaciones limpias; pueden tomar un café, discutir, lavarse, descansar. Incluso puede ser el lugar para orientarlos hacia servicios de rehabilitación, acompañamiento social y/o psicológico...
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