
Unos 50.000 soldados surcoreanos y 30.000 estadounidenses las comenzaron este lunes en el Mar Amarillo, pese a las amenazas de Pyongyang. Pekín ve en la iniciativa una amenaza a su seguridad y a la estabilidad regional. La operación durará diez días.
Se trata de los ejercicios militares conjuntos más grandes que las dos fuerzas hayan desarrollado en décadas y forman parte de una serie de maniobras lanzadas por Seúl tras el naufragio de la corbeta Cheonan, en el que murieron 46 marinos surcoreanos en marzo pasado. Una comisión investigadora internacional lo atribuyó a un torpedo de su vecino del norte.
Desde entonces, las dificultades entre las dos Coreas no han parado de aumentar. Corea del Norte, estimó que estas maniobras están destinadas a preparar "una invasión militar" y el sábado amenazó con infligir "el más severo de los castigos a Estados Unidos y Corea del Sur”, prometiendo que su ejército y su pueblo "asestarán un golpe implacable para responder a esas maniobras”. En esa línea, este lunes, el periódico oficialista norcoreano Rodong Sinmun publicó que “Pyongyang está lista para barrer a todos sus enemigos con su arsenal. Aquellos que hoy disfrutan con el fuego están destinados a quemarse hasta su muerte”.
La tensión en la región no para de escalar y las maniobras ahora dan la excusa a China, el mayor aliado de Pyongang, de mostrarse preocupado. Autoridades de Pekín mencionaron que los ejercicios liderados por Estados Unidos en el Mar Amarillo son “una amenaza para su propia seguridad y para la estabilidad regional”.
Acaso no les falten motivos para estar preocupados, ya que el general Walter Sharp, comandante de los soldados de Estados Unidos acantonados en Corea del Sur, calificó esas maniobras de "uno de los mayores ejercicios comunes de simulacro nunca antes efectuados en el mundo"...
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